13 de julio de 2020
17 de abril de 2020
TRÍPTICO DEL ENCIERRO
ARCHIVO DE LAS VENTANAS (Primer poema confinado)
OTRA FRATERNIDAD
(Segundo poema confinado)
Espero correos. En la segura
crisis de los tiempos, espero
correos que ennoblezcan
la fraternidad.
Palabras amables, auténticas,
que emerjan del plasma y los
relojes idos.
Sí, digo la verdad, ignorante
de toda aventura. Únicamente un
sonido,
un aviso, una conexión
contigo, Sara, es lo que espero
antes de que se rompa el día;
o tú, Ignacio,
con todas esas cosas y
revistas a tu alrededor,
el cuarto de alquiler del que
me hablaste.
Ávidamente, os espero; siempre
nos hemos encontrado
en las palabras.
Y esta nueva lógica admite
el desastre, la dignidad, los
gestos, las pruebas.
Y esta razón diferente de los
cuerpos ata
el afuera y el adentro.
LA CASA (Tercer poema confinado)
con Daniela, en el barrio
5 de febrero de 2020
PRÓLOGO FALLIDO A FRANCISCO JOSÉ SEVILLA, PORQUE LO LEYÓ Y NO LO QUISO, Y QUE AHORA ES UN HOMENAJE
Francisco José Sevilla
(Úbeda, 1970) sabe que la poesía no es solo una palabra, pese a que la
sinceridad se construya con palabras, sino un acto, un órgano que toca con la
vida, a la que la poesía siempre se debe. Yendo aún más lejos: el poema es un
exceso de vida, donde la lírica acontece como un accidente o desborde de una
fuerza. Yo no sé, en este sentido, cuándo este poeta conoció la poesía, pero sé
de lejos que la percibe, la ha aprehendido y a ella se ha entregado como si la
decisión fuera a vida o muerte. Sabemos que mucho se tiene que dar para que un
artista verdadero aparezca, que muchas circunstancias implican ese nacimiento
bronco. Sevilla conoce la gravedad de los limones, el espectáculo de las
maderas y los secretos de cada corazón personal y, al mismo tiempo, trae alguna
noche a su buhardilla a Salvador Dalí, al que es capaz de seguir en la
conversación como lo harían muy pocos. Y es que, sin lugar para la duda o el
arrepentimiento, podemos decir que estamos ante un chamán, un artífice de las
fuerzas naturales, que todos le hemos visto invocar con la ilusión de un niño
niño en calles o recitales de Madrid, ciudad que ya le reserva un lugar seguro
en la memoria.
Estamos, lo digo de antemano, ante un libro extrañísimo,
probablemente una de las primeras pinturas rupestres dentro de la época
robótica y los congresos sobre PNL. Se trata, en aéreo, de una investigación,
cuyas consecuencias son el estiramiento y la maleabilidad de un lenguaje que dan pie a una nueva lengua. La radicalidad de los signos es, a veces, razón para el
misterio. Ellos, tal y como están dispuestos en estos poemas, conllevan con su
aparición tales trabas comunicativas que, a priori, examinando los textos en
conjunto (así lo harían Ezra Pound, e. e. cummings o Rodrigo Lira), podríamos
pensar que Sevilla quiere desafiarnos, hasta hacer de la experiencia lectora un
milagro imposible, un juego perfecto cuyo engarce nos sitúa como
prestidigitadores o egiptólogos. De no ser por el calor y el color de su
lirismo, sería sencillo establecer que Sevilla no quiere comunicar, o que lo
quiere pero a costa de un esfuerzo, exactamente el mismo recorrido que él
transitó durante su creación y que ahora nos es transferido. La sorpresa
adviene cuando tomamos conciencia, al percibir la sublime belleza de sus
contenidos, profundamente originales, de que el poema es valiente, pleno,
humano y radicalmente imaginativo. Cualidades, lo veréis, que el poeta espera
recibir a partes iguales por parte de sus lectores, en los cuales piensa
desmesuradamente. Ejemplo de esto último son las constantes citas y
dedicatorias, las primeras tejiendo una suerte de intertexto arquitectónico y
las segundas creando una gran fiesta o auditorio.
En cualquier caso, la novedad que subyace bajo este
experimento es el valor que se le otorga a la forma, rota pretendidamente hasta
conformar un desvío, ecuación que en el infinito imaginario de Sevilla podría
hacer de este libro una obra brechtiana si fuera adaptada al teatro, en tanto
en cuanto dicha tensión de la forma produce un distanciamiento constante que
nos permite entrar y salir de la obra de manera consciente y crítica, con un
sentido de la empatía ambivalente y en oposición a la catarsis aristotélica.
Lukács, escribiendo sobre los griegos, aludía a que la Estética ocupa en ellos
el lugar de la Metafísica, idea que perfectamente podríamos hacer propia para
este libro. A primera vista, cada texto parece amparado por el azar más
salvaje, pero ya sea con el telescopio de los techos o el microscopio del sutil
guisante, vemos al poco que en ellos se esconde realmente una voz clara en su
direccionalidad, con objetivos claros pretendidos previamente. Así, todo el
pensamiento que genera este lenguaje alucinado, siempre blindado por el amor y el
vigor, y ambientado tanto en mundillos clásicos como en la ciencia-ficción,
paradójicamente se resuelve hacia el tiempo presente hasta sentir la emergencia
del mundo. No es idiota, por tanto, la reflexión sobre el cómo, sino un torno
de arcilla o espejo brutal que hace de Narciso un necio y de la NASA un arte.
Sobre los mecanismos y trucos que Sevilla efectúa en
estas páginas, vemos cómo el aforismo, la sentencia o las greguerías ocupan un
lugar central, hecho que le emparenta con la época. A estos tejidos se mezclan
de forma mistérica el empleo del soneto, las estructuras asonantadas, un agudo
sentido del ritmo bajo una preciosista puntuación, dibujar cada poema y algunos
detalles o manías como el empleo del etcétera, los puntos suspensivos o las
exclamaciones constantes, constantes en la obra de Sevilla. La obra de Sevilla
también ocupa un lugar importante en la propia obra, a modo de metaliteratura.
Si leemos con atención alguno de sus otros títulos, caeremos en la cuenta de
que, consciente o inconscientemente, ha creado una especie de sistema, como ya
concibiera Pedro Casariego al pensar la poesía narrativamente. En este libro
encontraremos, ya sea de forma figurada o por medio de esbozos, continuaciones
y derivas que apuntan a un proyecto mayor, o bien fragmentos que ya están
presentes de forma análoga en otros libros o bien, si hemos podido tratar con
Sevilla en alguna ocasión, serán versos que saldrán de su propia boca, porque
con ellos vive y convive. En lo tocante a lo temático, es claro su gusto por lo
raro y el constante matiz, enfoques que hacen del equilibrio un negro castillo de
difícil conquista, y que Sevilla no solo logra, probablemente por su enorme
intuición, sino que además resuelve en armonía.
Todo este embrollo da lugar a una concepción de la poesía
como lugar de resistencia. Sevilla es de los que saben que la poesía son 40
años, más una maratón que unos 110 metros vallas, y también encarna el hecho de
ser una anomalía, erótica que le está reservada a algunos escritores. Por
decirlo con otras palabras: ser un poeta secreto implica que quienes se
acerquen a ti gocen de tu aura, haciendo de la experiencia estética un rito
extraordinario por añadirse a la obra una colección de elementos que la
sobrepasan al proceder de la vida, pero representar ese papel en carne propia
es una guerra, y más cuando tú, poeta, quieres que tus palabras, tras nacer,
vuelen y sean barro de todos, como sucede con Sevilla. No es posible, en este
sentido, guionizar lo auténtico, ni mucho menos controlar los efectos nefastos
pero resplandecientes de un paso original por esta tierra. Una actitud, en
definitiva, que confunde poesía y vida haciendo de estos poemas un hombre y de
un hombre estos poemas, en igual balanza.
Irremisiblemente, a estas palabras habría que añadir muchas
conversaciones que hemos tenido juntos, como la última, en la que me solicitó
este prólogo, y donde Sevilla me expresaba convencido que la escritura que
hagamos ahora será contenido vivo para los genios del futuro. Consciente
siempre de su tradición pero no por ello doblegado a ella, conocedor de las
miserias, las bazofias y las injusticias, admirador de los detalles que
conmueven a Dios, cómplice del reservado mañana, hermano de la viveza y amigo
de los que le quieren y cuidan, en su palabra late siempre una verdad, a veces
oculta por la pasión con la que se enfrenta a la realidad cada segundo, cada
mes, cada siglo.
Francisco José Sevilla, como Picasso, tiene respuestas, y
alguna pregunta. Quien piense que quien ha escrito estos poemas ha perdido la
cabeza, es falso: es el poeta –íntegro, sabio, iluminador– quien ha hecho que
el lenguaje la pierda, y no al revés.
Á. G.
14/03/2019
21 de julio de 2019
UNA INVOCACIÓN NECESARIA: 'Pram' (Ediciones Paralelo, 2018), de Pablo Cortina
1
DOS
ANÉCDOTAS QUE CONDUCEN A PRAM, Y QUE
PODRÍAN HABER SIDO OTRAS, PUES A PRAM
TODO CONDUCE, INCLUIDO PRAM
Un verano, en un taller, nos
entregaron a veinte personas y a mí dos piezas de cartulina y un A4 para crear
un cuento ilustrado en conjunto. Los recortes eran un rectángulo verde y un
círculo amarillo. El círculo amarillo debía ser un pájaro sí o sí, y se podía
colocar en cualquier parte dentro del folio; el rectángulo verde, en cambio,
era un utensilio: su función era la de servir de medidor al colocarlo en los
vértices inferiores izquierdo y derecho y hacer una marca donde terminara, una
táctica que cobró sentido después cuando, al terminar el tiempo para dibujar,
la profesora nos instó a todos a colocar los folios en horizontal en una
pizarra uno al lado de otro creando así una línea de tiempo, donde el pájaro
aparecía ahora una vez por viñeta y la narración quedaba alineada, gracias a
esas dos marcas que todos habíamos tenido como seña.
(Si el pensamiento tuviera edad, pudiéndose acotar su
línea de tiempo, el discurso generado de ese flujo entonces con bastón daría
lugar a segmentos, más infantiles o más maduros en su cognición, fragmentos que
para nosotros, eligiéndolos por unas u otras razones, arrojarían una luz
significativa sobre su totalidad, a la que de un modo u otro se deben. Allí
habría momentos de bajeza, otros serían más ilusionados, existiría lugar para
la sabiduría. En este sentido, el libro de Pablo Cortina es la gramática de un
pensamiento, pero no exactamente anclada al yo; una desfiguración que,
paradójicamente, no niega el hecho de que sea un pensamiento encarnado, pues la
sarta perfecta de disparos sobre literatura y tiempo hacen imposible no
elucubrar sobre una investigación personal, configurada como un copo. Al mismo
tiempo, dicho discurso parece el acta empática de un ágora, no un juego
individual.)
A cenar vinieron a casa dos amigos que llevaba ocho años
sin ver. No voy a contar la historia entera porque esto es una crítica
literaria, y no sería coherente, pero el espacio después del = es que a la
mañana siguiente tenía en mi poder el mechero de Juan, el compañero de Lucía.
El mechero es el quid de la cuestión, ya que era un clipper con el dibujo de un
tiburón debajo de un barco, dirigiéndose hacia éste con la dentadura bien preparada:
imposible no pensar en Tiburón. Pues
bien, la cosa es que un buen amigo me había dicho unos días antes que había
escuchado un podcast donde hablaban de Tiburón
y un artista contemporáneo decía al hilo que la había visto treinta veces
porque quería saber de dónde provenía exactamente el poder de esa película y la
importancia que había generado en nuestro imaginario. La cosa paró ahí. Fue dos
días después, comiendo con Daniela, Paula y Julia, tres magas, que traje la
anécdota ya metaanécdota del mechero, y Julia empezó a hablar de Lacan, porque
también ella había escuchado en un podcast que un escritor había interpretado
al tiburón de Tiburón como “lo real”.
Ahí conversamos largo de “lo real” en Mandíbula
y luego me fui por ahí a una librería de viejo, para ver a una curiosa pareja
hacia la tarde-noche.
(Pram es una instancia que rige el devenir del texto,
desde la inmaterialidad del afuera hacia la materialidad del adentro. Pese a
que le corresponda un nombre, y acontezca por tanto, esconde una configuración compleja
y de difícil categorización. En Pram,
Pram puede ser al mismo tiempo una figura divina que recuerda al lector su
importancia y un rostro amigo o enemigo, con el que se convive. Pram,
realmente, no se puede definir, acotar ni tampoco domar: su don es el espacio
que provoca. Es el signo de la literatura que hace posible la literatura; es la
empatía a través de la cual cuatro letras (p, r, a, m) convergen, siendo por
tanto comunicables; es la onomatopeya de un niño y un niño que conoce las
onomatopeyas, empleándolas como un juego; es el recuerdo también de un poeta
que se sirve de su cadencia para poder generar música; es lo que afianza el
matiz que obsesiona a Pablo Cortina; es la llave de una temporalidad generada
que aparece para llevar al lector a la ironía y la burla, pero también a la
seguridad de un modelaje sutil; es eso de lo que hablaba Lacan, remasterizado,
pero aquí ligero como el peso de aquel que ha conocido los símbolos y la fábula
y le han nutrido, sin terror; es, en definitiva, el abracadabra gracias al cual se nos permite pensar la estructura.)
2
ARTES
POÉTICAS: PRAM ES ENTREVISTADO POR UN
COMPARATISTA
Pablo Cortina sabe cómo se
construyen los espejos, al igual que Ashbery en Autorretrato en espejo convexo. ¿Es Pram, si lo pensamos así, una
imagen imborrable, un suceso de fijación y este libro una écfrasis? Igual es
raro, pero la escritura a pico y cincel de Magistral,
de Rubén Martín Giráldez, me trae aquí por metáfora también, por cómo en sendos
textos la palabra misma, dinamitándose, realiza su cuerpo. Y como lema, cuando
el poeta recuerda su hacer al del torrente, imposible no pensar en Pedro
Casariego, que al respecto decía: “Mi forma de escribir es la
imitación del torrente. Consiste simplemente en abrir un grifo y dejar que
manen de ese grifo todos los líquidos y todos los cantos químicos posibles,
tratando de hacer acopio de imágenes, robando palabras a los periódicos,
expresiones a las gentes, términos a los diccionarios”. En este sentido, hay artes
poéticas en algunos tramos, como a continuación:
Todo
escritor debe tener
un
punto más de audacia que de talento.
De
talento
que
de lucidez.
De
lucidez que de suerte.
-
Pram –
¿La
droga ayuda a la audacia creativa?
¿Cualquier
droga?
¿Cuáles
son las características de un poeta?
-
Pram –
Sinestesia.
No
ceder a los tópicos.
o
No
la verdad, ni una ética concreta,
el
principal atributo del poeta es la empatía,
la
facultad de vivir en otras cavidades,
de
amoldarse en el hueco de una flor,
sentir
el viento entre los pétalos,
y
no decir tan solo ¡lo bonito
que
es aquel paisaje!
-
Pram –
Luego
escribir, quizá, tan solo, lo bonito que es aquel paisaje.
En
cualquier caso, queda retratada la obsesión de una escritura haciéndose,
como pensaban algunos filósofos y teóricos de la literatura. Todo eso sumado a
la juerga de algunas escrituras latinoamericanas, aunque sin el énfasis en una
intertextualidad que podría someter la dicción. Con todo, son notorias las
referencias cultas, dispares y sentimentales, desde Glenn Gould a Leibniz a
Supertramp a Wittgenstein a Gaiane Pogossova (maestra y ángel de la guarda del
poeta, músico y slammer): tejido posmoderno en su mejor acepción.
3
LO QUE HAY (AÑADIDOS AL VÍDEO DE COÑA [0:42] DE LA FLOR ABRIÉNDOSE)
El
flujo de conciencia de un poeta es lo que tiene. Pablo Cortina es alguien a
quien le seducen las ideas, aunque también las imágenes, pero sobremanera cómo
se dicen, poetizan o exploran dichas formas. Atento a los equilibrios de la
lengua, el escritor asturiano piensa elegantemente, amparado en el metrónomo
que es Pram, entregando al lector/escuchante curiosas joyas, desniveles
también, trozos de vivencias y, siempre, dardos como visiones. Así, en este
libro entra la música, el amor por su entorno personal, el Big Bang, la época,
la moralina, qué demonios es un poeta, todo lo que de alguna manera puede
atacarse con el pensamiento. Este ataque, es una idea que repito mucho, aquí es
erótico y no pornográfico: contornea lo que señorea a su paso, pese a no dejar
de lado la claridad expositiva. No hay, por tanto, a veces, mesura, pese a que
el estilo, en su taller, revele finalmente ámbitos pulidos. Lo más difícil para
el lector de Pram, al que el escritor toma EN CUENTA y EN SERIO con
constantes guiños, rompiendo la tela roja del teatro, es el hecho de elegir
entre dejarse trasladar desde su centro gracias a cierta amabilidad literaria
pero también comprender la pelea, la guerrilla que el autor de este libro
decidió emprender como llave de la comunicación. Espacio hay, por ello, para
momentos tensos, donde el escritor parece haberse cansado de un registro que
siempre trata de descentrar para no caer en las aldeas del aburrimiento, aunque
sepamos ya, en esta página 41, que estamos jugando, en serio pero jugando:
¿Cuándo
seré capaz
de
no decir que no quiero
decir
lo que no quiero?
¿Cuándo
podré confiar?
Ese
es mi simple intento.
-
Pram –
Tampoco
voy a poner un montón de frasecitas
en
adorno de vuestras tardes asexuadas,
para
que se os caigan de la boca
al
foulard, mecidas por el viento
de
la música. Extraviadas en la atmósfera
de
Schubert y metano en vuestras casas
forradas
de pladur y de acuarela.
No.
Soy
un ser viviente, no una urna
votiva
repleta de ceniza.
Y
aspiro a ser descuartizado a plena luz del día,
como
tú, amigo mío.
-
Pram –
La
verdad que siempre quiso conquistar la poesía aquí mide sus fuerzas con la
radicalidad de un relato que se sabe capaz de seducir a todos pese a todo y
donde la mentira no se da, pero sí tal vez cierta ficción. Amparado en el
desdoblamiento, el poeta se permite viajar de un lado a otro solo acompañado
por la validez de su rastro, que sirve de guía para nosotros, ahora testigos de
la hermosa trampa. “¡No hay nada que no me guste!”, espeta el lector. ¿Por qué?
¡Porque el nacimiento del lector es la muerte del autor, Pablo Cortina sabe
todo lo que dijo Barthes y Pram es el rarísimo juez de su diálogo abierto, nunca
destinado a su cerrazón! Creo que esto último es una clave…
4
PRAM COMO
PROVOCACIÓN EN MITAD DEL RARO PARADIGMA
En el
bum (así lo denomina el escritor asturiano) de la sentimentalidad individualizada e individualizadora, con la amargura
de los viejos ante aquellos que no respetan las actitudes cívicas ni osan encumbrar la memoria, Pram aparece con su cubierta negra y sus triples
paseantes, dentro del regreso de la poesía oral y con una generación de poetas,
la de Pablo Cortina y la que le antecede, donde la experimentación ocupa un
lugar clave, madera desde la que hablar. Más metonímico que metafórico, la
mente que urde el velo de viento de este libro es la de alguien consciente de
las escrituras de hoy, donde publicar poco ya sería publicar mucho. Como
género, categoría hoy desdibujada en favor del hibridismo, aquí hay épica pop,
lírica de la razón y discurso político en sutil clave, siempre desde la presencia
del lenguaje, verdadero origen y destino de su configuración. Ágil, metapoético y melancólico no como Durero, esta obra nos recuerda la mejor cualidad de
un poeta: la de saber leer los códigos de la realidad para literatulizarla. ¡Pero
a veces, por desgracia, no tenemos tiempo ni siquiera para la osadía! Jaja,
escribe Pablo Cortina. 2ja=/ 1 risa franca, sin pasarse,/ sin hacer la
pelota, sin parecer idiota. Amén.
6 de enero de 2019
UN SALVAJE ME CONTÓ UN CUENTO
A Pedro Casariego Córdoba
Tendrás que decidir
entre vivir para vivir,
vivir para morir
y vivir para escribir.
Si eres sabio, vivirás para vivir.
La muerte será un accidente
y la escritura un exceso de tu fuerza.
Si eres justo, vivirás para morir.
La vida habrá sido a veces un imán
y la escritura un acto prohibido.
Si eres un enamorado, vivirás
para escribir, y no morirás,
pero tampoco habrás vivido.
entre vivir para vivir,
vivir para morir
y vivir para escribir.
Si eres sabio, vivirás para vivir.
La muerte será un accidente
y la escritura un exceso de tu fuerza.
Si eres justo, vivirás para morir.
La vida habrá sido a veces un imán
y la escritura un acto prohibido.
Si eres un enamorado, vivirás
para escribir, y no morirás,
pero tampoco habrás vivido.
de Los últimos y los primeros (inédito, 2020)
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