12 de enero de 2017

EL LABERINTO DEL MANUAL: 'Teoría del lenguaje literario', de J. M. Pozuelo Yvancos



Elegí esta lectura por ser reconocida como una de las obras teóricas fundamentales escritas en nuestra lengua en los últimos treinta años para emprender un estudio riguroso de la literatura. La idea de manual, traje del texto, y lo institucional que rodea su abordaje, se vinculan con la lingüística de un modo un tanto especial, al ser ésta percibida como el trasfondo que habilita mucho de lo expuesto, sobremanera lo concerniente a la Estilística, la pragmática y el lenguaje literario, o conceptos más concretos como la deconstrucción. Del mismo modo, pensé que al servir como bibliografía transversal a otra de las asignaturas de este curso (Introducción a los Estudios Literarios), sería algo que me haría avanzar, igualmente, en esa dirección.
            En un sentido más personal, dos fueron los aspectos que me acercaron al texto: la esperanza de forjar una historiografía sobre el hecho literario a lo largo del siglo veinte y ver cómo ese desarrollo conceptual se relacionaba con la lingüística, tanto a un nivel argumental como a un nivel de praxis. La lingüística siempre me ha provocado curiosidad, dado los límites que convoca al poner a prueba el lenguaje desde su espíritu analítico. Estos años me había adentrado en autores como F. de Saussure, Jakobson, Chomsky o el propio Derrida a razón de haber cursado el primer ciclo de filosofía en esta misma universidad, pero el estar cursando esta asignatura ha despertado preguntas importantes en mí como sujeto y, lo que es aún más importante, como escritor. Puedo decir, a día de hoy, que soy más consciente del lenguaje de lo que era antes; y también que, esa conciencia durante el acto del lenguaje, ha implicado un mayor análisis en mi expresión. Si ya convivía de forma sincera y desnuda con la convicción de que el ser humano es lenguaje antes que pensamiento, como teoriza la gramática generativa, hoy más que nunca me preocupo de las razones que hacen despertar a cada idea y a cada palabra antes de organizarse narrativamente. Otros autores como Piaget, que atribuyen a la inteligencia, en primera instancia, la fuerza motriz del lenguaje, también son de mi interés; pero el innatismo y las posturas esencialistas siempre me han resultado preferibles. Esto no significa que eluda la importancia del factor cultural, fantasma constante que atraviesa los imaginarios de grandes figuras como Lévi-Strauss, y que Yule también estudia en “El lenguaje” de forma exhaustiva; sino que pienso en la palabra como acto de creación, principio y fin de las estructuras: organismo. Como siempre he pensado, y como afirmó C. G. Jung al final de sus días, cada ser humano ha sido arrojado aquí para formular una pregunta. Si la mía fuera alguna, sería probablemente la de responder a lo que ocurre en la cabeza de cualquier niño menor de seis meses; o después, yo con un bolígrafo y un cuaderno, cuando el niño ya camina y pregunta a la madre o al padre qué es esa cosa extraña que vuela y la figura lo nombra.
            Pero no van a ser todas cosas buenas, y aquí es donde entra la crítica. Leyendo Teoría del lenguaje literario uno percibe, sin ninguna finura, lo abrupto del dato. Lo que debería ser un ensayo vital, al estar tratando de avanzar en un terreno en constante movimiento como es la literatura, pasa a ser un ejercicio clasificatorio de ideas, fluctuaciones dentro de marcos teóricos cerrados y ejemplos ofrecidos sin jovialidad. No siempre hay que esperar de un texto crítico una velocidad en la pasión (Nietzsche o Ricardo Piglia) o una lucidez descarnada (Valéry o Blanchot); pero grandes estudiosos como, por ejemplo, Terry Eagleton, han demostrado que en una obra puede efectuarse el doble juego de ahondar y ser-ahondado. Desde esta perspectiva, la soltura pedagógica de Yule aquí no se vislumbra en absoluto; ni tampoco está presente la lógica de la agilidad inmanente a las clases que llevamos desarrollando desde principios de curso. Lo sentencioso del texto transforma la literatura en ciencia y fomenta la nostalgia de algo que no existe entre sus páginas: la concepción de la literatura como acontecimiento. Esta pobreza sensorial está sustentada en un estilo amparado en el vocabulario técnico y la cita recurrente, siendo el conjunto del libro ya no tanto una tesis sostenida a través de cierto argumentario, sino un gigante esquema organizativo donde hay más espacio para la ilación que para la reflexión. Cuando Pozuelo Yvancos siente el dulce vértigo de teorizar, son las citas de los autores quienes contrarían a las citas de autores. Sin ánimo divagatorio, diré que este modo de encarar la investigación es hoy, tristemente, el modelo a seguir dentro del ámbito universitario, donde el carácter de las tesis es antes una aparentemente-profunda-reflexión sobre el quinto párrafo del tercer capítulo del sexto libro de algún autor canónico antes que una propuesta creativa.
            Ahora pasaré ahora a explicar, de forma muy breve, la estructura que va a seguir este ensayo. Ya que el libro en cuestión aborda un amplio abanico de paradigmas y autores, sería demasiado ambicioso el tratar de ahondar en todos ellos, también dadas las restricciones de espacio fijadas en el dossier que nos sirve de modelo. Por tanto, pensé que sería una opción elegante elegir tres de esos apartados y trazar un argumentario a través de ellos, hasta su vinculación concreta con lo lingüístico, que es lo que aquí nos convoca. De este modo, empezaré haciendo una lectura general del libro –con su enfoque crítico correspondiente– y después insistiré, con más profundidad, en el estudio vehicular de las tres siguientes secciones: el desvío en la poética estructuralista, la pragmática y el lenguaje literario, y el texto como estructura.
Es hora de adentrarnos, entonces, en el laberinto del manual.


0. UN MAPA CON MUCHAS EQUIS EN MANOS DE UNA ISLA: LA TRANSVERSALIDAD DE TEORÍA DEL LENGUAJE LITERARIO

Aunque el propio Pozuelo Yvancos explicite en el prólogo que no va a seguir un orden cronológico sino de sistematización relativo a las grandes escuelas que han investigado y desarrollado lo literario para desarrollar su texto, todo comienza haciendo alusión a la posibilidad de las bases retóricas de una Poética lingüística. Ésta es abordada desde una perspectiva histórica y, más allá, como un fenómeno acaecido en pleno siglo veinte como respuesta a las bases de la Estilística y al estructuralismo, éste último como dogma de fe del formalismo ruso. Se enuncia la existencia de una ligazón, igualmente, entre Poética y Retórica, lo que nos podría llevar a Quintiliano o al propio Aristóteles; pero el texto se fija en su deriva hacia el desvío, siendo la Retórica el alma de dicho cambio sólo que disfrazado de actualidad. Este parentesco confuso tiene que ver –dirá Yvancos más adelante– con la noción de Retórica que convive con nosotros hoy; una visión degradada de la misma y que ha terminado por colapsar contemplando el elemento retórico como fuente de niebla o circunloquio artificioso. En cualquier caso, dentro del desvío, concretamente en su veta idealista, se comentan conceptos clave como la “intuición totalizadora”, desarrollado por Spitzer; y que nos hacen dar cuenta de la importancia de la figura del lector. Yule, a este respecto, en “El lenguaje” (cap. 11, págs. 132 y ss.) habla del "significado invisible", que vendría a ser el objeto de estudio de la pragmática; la potencia del significado que una obra fomenta en su desarrollo. La noción de desvío se ratifica en el esquema organizativo de Jakobson, donde se afirma la diferenciación del mensaje artístico/literario respecto a otros tipos de conducta verbal. A razón de la autonomía que produce el objeto literario, idea basada en conceptos tan poderosos como la desautomatización (Shklovski) o la propia idea de muerte del autor (Barthes), lo lógico es que consideremos con minuciosidad qué espacio ocupa la obra, cuál el lector y cómo el autor intercede con nosotros durante la relación con el texto. Este equilibrio en dificultad es una de las líneas que sigue en abstracto Teoría del lenguaje literario, hasta nacer en nosotros la pregunta –y el debate en común– de qué fuerza concreta ocupa cada factor (autor, texto y lector) en la experiencia estética.
Hasta ahora, tenemos en claro la separación más o menos clara entre lengua literaria y lengua común; pero la lengua, además de señalar, connota, indicando informaciones, actitudes y registros desde un prisma expresivo o afectivo. Esta idea será la que inaugure la teoría de la connotación, basada en el estudio de ciertos datos analizables: el tono, la época, la clase y el grupo social, la región de procedencia o la biología entendida como factor político. A un nivel ontológico, se tiene en consideración la noción de símbolo, que para L. Flydal supone aquello que contiene la realidad misma y, como expresión, el signo lingüístico entero. En cualquier caso, la teoría de la connotación, pese a ubicarse en un marco conceptual diferenciado respecto a las teorías desviacionistas, se vincula con ellas en un marco concreto: los años 70. Estos modelos tendrán, en paralelo, su crisis correspondiente, sobremanera en lo relacionado a la crítica del estructuralismo efectuada desde un nuevo enfoque: la pragmática literaria.
Esta corriente, todavía presente, hace alusión a otro de los grandes temas que atraviesan nuestro texto: la crisis de la literariedad. El siglo veinte, a este respecto, fue el laboratorio necesario para la reconstitución de un decir que estaba en pleno naufragio. Heidegger, filósofo fundamental instruido en la fenomenología, supo bien esto, y su obra se dirige hacia la escapatoria de la deformación que el lenguaje estaba encarnando, fruto de la pérdida de fuerza metafísica de la palabra; conciencia que preocupó igualmente a muchos otros intelectuales, conscientes del camino sin destino que sufría la expresión. Esta crisis supuso, históricamente, tanto un enfoque reconstructor del lenguaje desde la teoría como la recuperación de otros enfoques de salida como la ficcionalidad, que dislocaban a los agentes de la comunicación y al propio autor.
Este camino sin aparente esperanza, dio fuerza a una serie de propuestas de reconstitución de lo expresivo como la estética de la recepción, cuyo grupo de fuerza más evidente fue el constituido en la Escuela de Constanza. H. R. Jauss, miembro de este círculo, en su célebre artículo de 1969 titulado “La literatura como provocación”, define el arte como una experiencia y una eterna provocación que ha de situar al lector en el centro del proceso artístico, ya que en él se hallan el gusto y un trasfondo basado en cierta experiencia personal necesarios para completar el proceso autor-obra-lector. No es gratuito el hecho de que la estética de la recepción se apoye, igualmente, en la fenomenología: lo que preocupa es el fenómeno en su instante concreto. A otro nivel, su surgimiento proviene de las ineficiencias teóricas del formalismo y el estructuralismo al mismo tiempo que aboga por un concepto de obra abierta con polivalencia interpretativa, implicando la asunción del carácter movedizo de los horizontes normativos (Foucault, J. Butler…). Este giro revela algo así como lo que fue la Ilustración respecto al sujeto en sociedad sólo que con el binomio obra-lector. Como falla, es peligrosa la subjetividad que puede provocar, hasta cierto relativismo del que sea difícil salir. Con todo, desde una perspectiva histórica, son comprensibles sus principios; y los secundo. Es hacer del lector, de algún modo, origen y fin de la obra.
Así, llegamos a la deconstrucción, que no es como tal una teoría sobre la lengua literaria sino, como apunta Yvancos: “una modalidad concreta de lectura de textos que subvierte el principio medular de la crítica: la idea de que un texto posea una suerte de fundamentos para una lectura 'adecuada'”. Derrida, impulsor del concepto, es un raro en la tradición filosófica francesa de finales del siglo veinte. Como muchos compañeros de su generación, su investigación se basa en Nietzsche y una suerte de metafísica de lo cultural, hasta poner en tela de juicio las cicatrices de la expresión originadas por la sobreproducción de sentido, idea clave de la posmodernidad y el tardocapitalismo. En relación a este concepto, J. Culler añade: “La deconstrucción no aclara los textos en el sentido de captar su contenido o su unidad: su lectura es la investigación del funcionamiento de los textos, de oposiciones metafísicas en sus argumentos y los modos en que las relaciones textuales y las figuras en ellos presentes producen una lógica doble o aporética”. Es decir: estamos ante un modo de hacer crítica desde lo histórico y con un carácter dual. Como vimos en clase, Saussure afirmaba que los signos son producto de un sistema de posibilidades basado en cadenas de oposiciones. Derrida, en cambio, y poniendo en tela de juicio el sistema de Saussure, afirma que las diferencias son realidades positivas y que cada texto no es sólo posibilidad del propio texto sino huella en la huella de toda la cadena de textos creados. Lo más interesante para mí, en cualquier caso, es la reformulación que hace Derrida del concepto de habla, que para Saussure es preponderante a la obra escrita “marginando la distancia, la ambigüedad, la malinterpretación y la retórica del ocultamiento, "vicios" todos ellos de la escritura” (De la Gramatología, págs. 47-56).
            Hemos visto, a lo largo de estas líneas, cómo la Retórica es una constante que habilita o impide la fundación de ciertos enfoques para pensar lo literario. Platón la concebía como núcleo de un discurso que se alejaba de la verdad al no pretenderla; Aristóteles, en cambio, alababa el efecto que provoca en tanto que entimema o abstracción hacia pensamientos generales. En cualquier caso, la noción clásica de Retórica implica una doble direccionalidad: horizontal (partes del discurso: proemio, diégesis y pisteis) y vertical (proceso de creación: Intellectio, Inventio, Dispositio, Elocutio, Memoria y Actio). Esta disposición enuncia el horizonte de la Neorretórica y su anhelo de ser una teoría general textual donde la Elocutio retórica sea el soporte de gran parte de nuestra tradición pedagógica, hasta la herencia de la Estilística última. Si la Poética cuestiona qué es la literatura, la Retórica pregunta cómo se hace el texto.
            Con todo, hay un elemento inherente a estos dos horizontes: la idea de estructura. Este concepto supone la configuración, dentro de cualquier texto, del establecimiento de una jerarquía interna de dependencias. Aunque ya hemos acudido a esta noción previamente, aquí la idea de estructura refiere no tanto a un sustrato filosófico sino técnico. Para entender de qué estamos hablando, volveré sobre las páginas de Teoría del lenguaje literario, donde Yvancos, en referencia a la estructura y pragmática del texto lírico, se centra en dos modelos explicativos fundamentales para la construcción del discurso poético: el coupling o emparejamiento, y la isotopía discursiva. Ambos, en síntesis, hacen referencia a la idea de que el discurso poético existe a través del uso sistemático de equivalencias fonéticas y semánticas jerarquizadas. Esta presunción es desarrollada más adelante hasta suponer la ficción en la poesía –género presuntamente valedor de la verdad– a través del yo-autor o el yo-lírico,  y que I. Levin termina asumiendo como personaje con su papel o máscara. A este respecto, diré que es totalmente razonable dicho desplazamiento, ya que la maquinaria que sustenta el aparato de la lírica es, en mucho, semejante al de la narratología; y más hoy, en 2017, después de las vanguardias y el siglo veinte.
Para terminar, Yvancos traza un análisis en paralelo al discurso poético sólo que en referencia al discurso narrativo, con constantes referencias históricas que puedan servir de sustento a la consolidación de conceptos como "el pacto narrativo" o "la muerte del Autor", cuya vigencia hoy es imprescindible. Sobre la idea del autor, a mis ojos éste no es indispensable para considerar su obra, pero sí es interesante el añadirle como factor para obtener una multiplicidad mayor de lecturas sobre el texto. Sin caer en una visión romántica, las ruinas del yo muchas veces son principio y fin de cada línea. Por lo demás, en estas últimas páginas de Teoría del lenguaje literario uno se siente un poco científico de las palabras, algo bueno si se sabe mantener cierta lejanía.

1. EL TEXTO HABLA SOLO Y NO TIENE CON QUIÉN BAILAR: LA NOCIÓN DE DESVÍO DENTRO DE LA POÉTICA ESTRUCTURALISTA

Es conocido que el estructuralismo es un movimiento filosófico con un carácter epistemológico transgresor añadido a muchos campos de conocimiento. A este respecto, son tres los órdenes en los que se sustenta su ideario: lo real (lo tangible que tiene el objeto), lo imaginario (o imagen que damos de algo) y lo simbólico (esfera donde se da el juego de las estructuras). Al mismo tiempo, hay varios rasgos teórico-metodológicos que provocan su distanciamiento con la Estilística, a la que muchas veces se asocia de forma errónea, pese a que su nacimiento acaezca en los albores del estructuralismo:

1)      La idea de estilo en el autor es sustituida por la perspectiva más amplia del "estilo funcional de la literatura". Los hechos de parole pasan a ser hechos de la langue. El lenguaje poético es general y no particular.
2)      El desplazamiento de la parole hace menos relevantes los orígenes de la obra, tanto desde un prisma individual (Estilística o Psicocrítica) como social (la crítica sociológica); siendo primordial el estudio lingüístico.
3)      Erradicada toda trascendencia, se adopta un punto de vista sistemático en lo relativo al estudio de los recursos formales. Los procedimientos estilísticos no son hechos aislados, sino parte de un sistema.

Por otro lado, para que el desvío sea coherente, debe responder a una norma. Este concepto, que es necesario para nuestro estudio, ha sido, como poco, problemático. Ha habido quienes la han definido como “el buen uso, el uso común y general”; u, otros, como J. Cohen, que han considerado la lengua literaria no sólo como desvío sino como "infracción", en el sentido de quebrantar y demoler el código interno de la prosa. Igualmente, y como es lógico, el desvío ha llegado a colindar con la Gramática. En este caso, la norma es “el sistema de reglas que originan las frases aceptables en una lengua”. En todos ellos se hace alusión a algo claro: el estilo. Respecto a él, y aquí es donde el desvío se funda y tiembla, hay un control que el emisor (autor) ejerce sobre el mensaje que habrá de llegarle al receptor (lector). Será la medida que le pertenezca a cada uno lo que hará el debate más o menos denso; la pregunta sobre el extrañamiento más cercana  o más parecida a una metáfora tajante.
Si el lenguaje fuera transparente, ¿qué espacio albergaría el pensamiento?

2. LA ESPERANZA DE DECIR CUANDO TODO SE HA DICHO: PRAGMÁTICA Y LENGUAJE LITERARIO EN LA CRISIS DEL HABLA

La crisis de la literariedad ya mencionada provocó el surgimiento de una serie de poéticas textuales con afán de restauración de la expresión de entre las que cabe destacar la Pragmática Literaria, cuyo desafío principal fue definir lo literario desde un estatuto comunicativo. En ella, caben lecturas que van desde una “teoría de los contextos”, donde habría que tener en cuenta la producción y recepción de los textos según determinaciones de naturaleza histórica, social o cultural; o, desde un prisma más directo, una “teoría de la acción”, entroncando así con lo que la filosofía del lenguaje ha definido como speech act o acto de lenguaje, y cuyo objetivo sería estudiar la especificidad de la Literatura desde sus propios códigos de apertura y cierre. En este sentido, apunta Yvancos, “la Pragmática Literaria sería la parte de la Semiótica textual literaria encargada de definir la "comunicación literaria" como tipo específico de relación entre emisor y receptor”. La Semiótica, como estudio de los signos en la vida social, se relaciona por tanto con la Pragmática en tanto que aborda la comunicación.
Yendo más allá, la Pragmática tiene sentido al definir la Literatura como un estatuto supraindividual preexistente al texto mismo, al mismo tiempo que forja las posibles respuestas del receptor ante la obra. En alusión a esto, cabría explorar ciertos conceptos como la "polifuncionalidad", propuesto por Schmidt, cuyo fondo sería el de demostrar la capacidad de afirmar diferentes posibles lecturas de los inseparables constituyentes textuales de una obra concreta. El autor, en esta ecuación, estaría mediado por su status, sujeto a la función que cada época fija: anonimato medieval, genio romántico, hacedor renacentista… F. Lázaro, al respecto, no puede ser más claro: “En el caso de la literatura, nos las habemos con un emisor peculiar que recibe el nombre de autor. Un viejo término que en latín (auctor) derivaba del verbo augure, "aumentar", "hacer progresar", con el significado preciso de "creador" y que pertenece a la familia románica de auctoritas. La etimología, pues, apunta hacia un emisor especialmente cualificado, que no puede identificarse con el hablante ordinario. Es un emisor distante, con quien el destinatario no puede establecer diálogo, para inquirir, corregir o cambiar los derroteros del mensaje…”. Y de aquí a la ficcionalidad hay sólo un paso. Pese a que la ficcionalidad no sea condición suficiente para una definición de lo literario, al mismo tiempo es condición necesaria para su existencia.
Sin ficción, se dice, no hay literatura. ¿Es nuestro corazón nuestro cerebro?

3. EDIFICAR EL SOL DEL DISCURSO: EL TEXTO COMO ESTRUCTURA

Un texto puede estudiarse tanto atendiendo a los procedimientos y usos concretos que lo fundan como desde una perspectiva global, entendiendo entonces el texto literario ya no tanto como una suma de recursos sino como un constructo. Esta imagen, en tanto que es corpórea y material, implica un límite espacio-temporal; pero además de esta peculiaridad, la unidad discursiva o textual debe estar compuesta por una configuración concreta de su estructura y una jerarquía interna de dependencias. A este respecto, añadiré el que ha sido el objetivo –perseguido o hallado– de grandes escritores como Rimbaud, Hart Crane o Mallarmé: el exceder el propio lenguaje siendo conscientes de los límites –y el vértigo– que implica. Hay, en algunos textos literarios clásicos, una sensación constante de que el lenguaje va más allá del propio lenguaje, efectuándose este movimiento –paradójicamente– a través de las propias palabras. La robótica, en este sentido, implica una lógica semejante y con igual peligro: el ser humano crea algo superior a él a través de una gramática conjunta de los seres humanos.
Analizando, como artesanos, los factores que fundan el texto como estructura, hallamos el metro, el ritmo, la noción de "convergencia" o lo que es denominado como "principio estructurador". Todos ellos tienen la peculiaridad de haberse visto alterados por la lectura histórica de lo literario, y aunque suelen preservar la intimidad que cada creador les da, pueden sistematizarse como conceptos generales y ser estudiados globalmente. En palabras de Jakobson: “existe (en poesía) un sistema de correspondencias continuas a muchos niveles: en la composición y la ordenación de las construcciones sintácticas, en la composición y ordenación de las formas y categorías gramaticales, en las de los sinónimos léxicos…, en fin, en las de las combinaciones de sonidos y de los esquemas prosódicos”. El sistema al que hace referencia el célebre lingüista es el que crea los paralelismos fónicos, gramaticales y semánticos que ordenan el poema, fundando su percepción como estructura según determinadas leyes.
            Muchos son los mecanismos de los que sirve el creador para edificar el sentido de su expresión, pero lo que es interesante para nosotros es saber que esas herramientas son propias del lenguaje, existen para ser proferidas y así alcanzar belleza o terror. Igual que existe una investigación constante sobre lo literario, el muestrario de recursos y técnicas para su abordaje tampoco debe cesar. A mis ojos, debe estar en manos de todo creador la idea de consolidar un imaginario propio cuando su obra se cumpla.
            Al final, escritas vida y muerte, ¿no es acaso una obra una obsesión concreta?

            CONCLUSIÓN
           
            Habiendo analizado tanto el sustrato formal como el esqueleto temático de Teoría del lenguaje literario, de J. M. Pozuelo Yvancos, podemos afirmar que estamos ante un texto que, pese a sus fallas, cumple con su vocación: servir de guía en un entramado conceptual tan vasto y complejo como es el estudio de lo literario.
         En relación al ámbito de la lingüística, objetivo de fondo de estas páginas, hemos podido vislumbrar con claridad los lazos insoslayables que existen entre su dominio y muchas de las reflexiones de las grandes escuelas del siglo veinte, ya sea como trasfondo, a un nivel transversal o como fundamento primero. Más concretamente, dentro del espacio que hemos reservado a ciertos conceptos, hemos visto cómo nuestra ciencia es el motor que rige el desarrollo de ideas fundamentales como la estructura, la noción de desvío o la enunciación de la Pragmática Literaria.
 Para un estudiante de primer curso, como es el caso, se agradece el poder hallar sintetizadas en tan poco espacio tantas perspectivas como las aquí dispuestas; y que seguro servirán para un estudio exhaustivo a lo largo de los años.

20 de mayo de 2016

EL DESTIERRO DEL SÍMBOLO


Ojalá no te esparzas, símbolo,
y todo sea metáfora de todo
lo invisible. Yo no te dejaré
alzar el clima de tu podio
y así reine tu engaño persuasivo,
cuchillo rojo en la inocencia,
veneno entre los puentes
cuyo cuerpo inventó la arquitectura.
Te conozco, ¡y cómo prevaleces
con lúcida soltura frente al sitio
donde las aguas dan luz al nacimiento,
calladas y hay mutismo!
Sufro la apariencia de tu instante,
seducción o almanaque de las armas
ignoradas por la masa dirigida.
En tu lengua he visto yo
los lazos transparentes de la niebla,
pero debo tu destierro o moriré,
moriré en lo sagrado pero muerto
y nadie podrá llorar por mi equilibrio,
cobijo errante con lianas de sanción.
Tus enemigos deben ser muy fuertes
y tus amigos deben ser muy fuertes.
Tu magia es instalarte entre los verbos
para conjugar la descripción de la verdad,
pacto que susurras con mentiras
y absorbe la tangible salud de lo ordinario.
Demasiado inmortales tus ojos para mí,
pese a que el trato que fijamos
un amanecer de lámparas siniestras
haya hecho de mí algo inconcebible,
y esté en deuda contigo para siempre.
Debo entonces tu muerte al pausado raciocinio
y a una mujer que mancha las paredes
vinculando tus joyas rupestres al sentido,
pero sé que solo pensarás en mí
porque mi amor por ti fue grande
y casi verdadero, y casi verdadero.

de Poliedro (Antipersona, 2017)

7 de marzo de 2016

NADIE ES SERIO HASTA LOS VEINTISIETE AÑOS: Martín Rodríguez-Gaona a propósito de 'María Eugenia'


Quiero que conozcas que para mí tu eres 
la razón más importante para contrariar el contubernio
de la multitud, la suprema ignorancia 
y la ausencia de lírica en el hacer de la gente.

Á. G.


En 1870, en "Novela", su célebre poema de formación, Arthur Rimbaud escribió: "Nadie es serio a los diecisiete años". 146 años después, y visto el estado de nuestras sociedades, incluyendo, por supuesto, la coyuntura política española, la conclusión podría ser que debemos evitar ser serios siempre. No obstante, como la eternidad no es una materia humana, los medios masivos globalizados han decretado, muy democráticamente, en distintos estilos musicales, que es recomendable esquivar la seriedad hasta los 27 años cuando, si insistimos en mantenernos fuera de la norma, también se nos ofrece la posibilidad de dejar de ser.

En María Eugenia, su cuarto libro de poemas, Álvaro Guijarro persiste en su voluntad de vivir manifestándose y continúa en la tradición lingüística de Rimbaud -la de la palabra transformada por el desborde y el lujo-, esta vez con homenajes explícitos de por medio. Así, entre la crónica de los avatares y la cotidianidad de una pareja, se registra un peregrinaje a la tumba del genio en Charleville, su ciudad natal, anécdota que constituye uno de los puntos cruciales de la narración.

Esta visita al origen encierra la celebración y la estrategia que resumen el planteamiento del libro. En efecto, probablemente la mejor perspectiva para leer María Eugenia sea como un relato sostenido de situaciones más o menos comunes -cuatro secciones o estancias con viajes, promesas, encuentros y desencuentros-, elevado a otra esfera por la alquimia de la energía y la emoción verbal. Prosas, versículos y estrofas que comparten el anhelo de un estado visionario, y cuyo motivo o pretexto es una figura femenina que el autor se atreve, no sólo a llamar por su nombre, sino incluso a invocar como título de la obra en su conjunto.

Y un gesto tan radical no debería ser baladí: vivimos en tiempos en los que pronunciar un nombre amado supone una rebeldía, pues nos expone frente al poder, al consumo y es una forma explícita de desafiar, entre otras cosas, el decoro literario. En concordancia, lo peculiar de los personajes que protagonizan el libro -el poeta y su compañera, que por su acción, voz y méritos específicos, es más que una musa- sería que representan a aquellos eternos adolescentes que aspiran, nada más y nada menos, que a convertirse en adolescentes eternos: individuos que se atreven a creer en el valor de la ingenuidad (o la pureza), que viven para la experiencia artística y sueñan con construir un mito. Personas que luchan por mantener su autonomía, al menos por medio de la creación de juegos de lenguaje o de un anecdotario propio. Como se aprecia, ciudadanos poco recomendables, arrojados al mundo con conciencia de su finitud, seres saturados de literatura.

Entonces, paradójicamente, quizá la única posibilidad de ser honestos sea vivir en una representación. Esto, además, parece ser lo más natural para una generación inmersa en la hegemonía de lo virtual, ese vértigo de lo efímero. Lo peculiar de la propuesta de Álvaro Guijarro es que dicha identidad autorrepresentada se proyecta hacia lo íntimo, y por eso se apoya tanto en el amor como en un pasado entrañable -la bohemia simbolista y el decadentismo-, desarrollando de este modo una sensibilidad inconformista pero privada, que añora y respeta otros momentos en los que la rebelión era, más que posible, palpable, cotidiana.

Persistir en la adolescencia, por lo tanto, no es necesariamente sucumbir frente a lo que el mundo burgués califica como inmadurez, sino una estrategia de resistencia. Aquí resalta no sólo la dedicación a una actividad tan peregrina como la poesía, sino la forma de entregarse a ella: con exclusividad, día a día, en los bares, en las redes, a través de la autoedición, desdeñando los circuitos formales, sus editoriales y sus premios, apostando por interlocutores de carne y hueso.

Pero, en la búsqueda de la excepción, resulta determinante la buena fortuna de hallar a alguien -que promete o a quien se promete, da lo mismo-, pero cuya aura la convierte en estímulo para la creación de belleza y con quien se puede vivir, si fuese necesario, en propensión al abismo: "Yo necesitaba alguien que me esculpiera, alguien que diera sentido a mis actos". Un ser que desde su propia fragilidad está dispuesto a alimentar esa clave exaltada y que, llegado el momento, sabrá admirar y compartir nuestras cicatrices.

El mapa que traza las páginas de María Eugenia inevitablemente culmina en el melodrama que implica todo aprendizaje vital. La belleza que alguna vez habitó en nosotros no nos exime de la muerte ni del fracaso. Esta persona especial también será la emisaria con la que llegaremos a constatar que la vida no alcanza, que, pese a las buenas intenciones y a la publicidad, el amor casi nunca es suficiente. Siempre algo falla: el destino, la época y hasta nosotros mismos.

Pero la poesía enseña que nadie pierde siempre o por completo. Por eso María Eugenia concluye con un nacimiento mítico, un ser vivo que son los propios poemas: los hijos de una madre virgen. Retoños que, gracias a la lectura y el poder engendrador de la palabra, también se transformarán en los poemas del otro, quien contará, a su manera, una historia que antes fue nuestra.


3/3/2016
Champañería María Pandora
Madrid

20 de enero de 2016

BRATISLAVA - VIENA


En un café imperial,
después de los grados sesudos
y un hostal con salas,
tomo cerezas frías,
cerca de la eslava catedral.

Investigo la sangre lenta,
las pupilas claras y duras
donde veo resumido
el siglo XX.
Ahora encienden la vela de mi mesa.

Hay poca gente paseando.
Todos se suben al tranvía
para soplar en sus puños
hasta percibir el vaho.
Hay como cervecerías...

Alguien se asoma por los pasadizos
sin catenaria. Gaviotas
vuelan estrechadas
cerca del soviético río.
Un zar brilla bajo su capota.


Café L'aura
Bratislava
18/01 15:40

***

Este lugar se abraza en 2 días.
Con los dedos largos,
da para tocar tanto la piedra
como la estación de tren
donde vagueo entre el vocabulario.

2 hipervínculos del aeropuerto
a esta plaza con cúpulas.
Un mapa donde la i
y la máquina del autobús
bebiéndose a trompicones las monedas.

Del avión a la pista en escalera,
esperaba a algún fotógrafo
ya no tanto para mí,
sino para la checa que rondaba
en mis asientos con abrigo verde.

¡Seducción continental! Lástima
que finjan mis cabellos
hacia claras paletas.
Todo daría por un mechón oscuro
que me regalara una fonética.

***

La ciudad se organiza a pequeños pasos. Patatas con beicon y  cebollino yerguen mi corazón hacia las lechuzas del invierno. Al hostal ha llegado una pequeña guardería, adolescentes de 14 con granitos blancos. La sala aterciopelada se mezcla con el hit pop de discoteca. Es pequeña esta atmósfera, y uno no sabe si continuará la urbe al alejarse del castillo. Con todo, siempre atravieso las venas, que son ventanas, y el mapa es mío en 30 segundos. Casi en busca de mi pan, deletreo de memoria los escaparates que se van repitiendo, ¡y me vuelvo a encontrar ante el centro comercial indiscutible! Había un grupo de obreros, 2 en manga corta. Habían lanzando desde la azotea una suerte de serpentina de plástico para los despojos. Debajo había una bocatillería, y el diálogo era evidente también por el cartel patriota, ya lejos de la clásica coordenada de campaña política. Todos se ayudan a todos con gestos y psicología: hablar es ceder ante la guerra del invierno.

***

Una máquina de coser disecada
y un traje folklórico
cuelgan del escaparate
donde son de hielo los reflejos
humanos.

Librerías como en grutas,
tiendas de jerséis y solamente,
pienso en el fantasma del calor
ante el que esta gente
eludiría sus calzoncillos largos.

Llega un grupo de vienesas
sin ningún violonchelo.
Hay una muchacha rizada
con rostro de faro.
Puedo adivinar la música en sus cejas.

A este pueblo se viene a imaginar,
y yo creo
que ni una revista a color
de puras crónicas
me haría evitar lo profundo.

Spitalska
18/01 16:50

***

Estoy dispuesto, no sé a qué,
pero estoy dispuesto.
Más que una puerta consabida,
hablo de que percibo al fin
las reglas de algún juego.

He abandonado la oscuridad.
A favor de una luz semántica,
anoto matices,
sabiendo que hoy compongo
la sinfonía de la luz.

Y tengo amigos, y sé de los hermanos.
La casa del póker, cerrada,
debió ser un lugar necio.
Frente al rótulo, rojo por supuesto,
se alzan un sinfín de lencerías.

Urbanismo como de astronautas
en relación a la India,
las campanas, ecoicas,
renuevan el atardecer.
Jeroglífica música en 2 horas.

Spitalska
18/01 17:00

***

Cerveza entre compases diabólicos
en inglés, cuando el eslovaco
es una adivinanza.
Ella tiene un examen mañana.
Chatea y yo la escucho.

Radiadores encendidos,
camisetas rojas, víveres
y malos libros democráticos
sobre el mostrador internacional
antes de la noche de los gestos.

Me voy a entregar a un tren
mañana, o bailaré entre los vagones.
Los trabajadores de la radio
siempre fueron ralos, extraños,
científicos, económico-analíticos...

No me quejo de nada
a excepción de la sabiduría.
Yo quiero continentes al ser visto
o imaginado, y que mi cuerpo
sea un libro sin doblar.

Spitalska
18/01 19:20

***

Durante el vodka de los fumadores,
4 españoles de Erasmus
gritan por las calles antes de cenar
en un lugar malísimo.
Los locales comentan la jugada.

Los jóvenes eslovacos carcajean
en el sillón de la caverna.
Acabo de cenar bistec y patatas
con beicon en Roland,
una referencia o regalo al yo.

Botellas dadas la vuelta,
grifos cerrados por ser lunes
y mi presencia vertebrando
las conversaciones cercanas.
Buen momento para traducciones libres.

Los mejores licores no se esconden
y brillan.
Cantan los jóvenes sin nombre
y sin familia.
Un absoluto trampolín es la noche.

U Kata Bar
18/01 21:15

***

Entro en el piano, un refugio
pintoresco, vinilos colgando
y rojo a tonos
por cada pared de las maderas.
El artista es un erudito loco.

Recuerdo a Progenie entonces,
su cualidad mistérica en las notas
y el cuello arrojado y danzando
no únicamente por la estética.
Ella ama las guerras sin precio.

Un periódico cuelga del perchero
y una estampa de un emoticono
con una octava por dientes
me hilvana sonrisas, yo algo ido
por la descomposición del clima.

Si pudieras, mujer de hierro,
adorar las íntimas estancias
y entender mi luz que es tuya,
nos encontraríamos en esta plaza
y en todos los garabatos del planeta.

Café Studio
18/01 21:45

***

Aparece Francia en la narración a través de un instrumento sensible, y paso a buscar pipas de ébano y uvas con pipones por las estanterías de los tugurios preciosos y eslovacos. ¿Nunca me libraré de esa presión? Yo que ahora sé dónde está cada trópico, e incluso investigo sobre lingüística y herbología, ¿cuándo lastimaré a Europa con mi signo aborrecible? Alguien me hablaría de proyectos, esbozaría un plan genealógico perfecto e incontestable a todo nivel para los próximos 20 años, pero yo soy un pequeño ángel. Si esto sé no es por ocurrencia, sino por el destino de mi árbol. La lámpara de aceite, la leña en febrero, el potaje... Son códigos, y yo he aprendido a escribir y, más allá, a sentir. Pocos paseantes más luminosos que yo. Poca fiebre de las alturas para mi raíz de piedra hacia los guisantes. Escribir no existe. Quiero una familia, y verles nadar sobre la marcha mientras yo veo lo que ellos no ven.

Café Studio
18/01 21:55

***

La psicóloga del hostal
está enrollada con Mijail.
Mijail era un transeúnte hasta besarla.
Ahora yo les observo
y me convierto en su psicólogo perfecto.

El otro tipo trabaja 24 horas.
Veo desde lejos, 3 metros,
el poso de su vaso de café.
Pienso en la encuesta de las leches
que hice el otro día en el Van Gogh,
valorando densidad del 1 al 10.

Al beber agua siento mis huesos
y algún órgano de la E. S. O.
Arriba hay maletas rojas
y horarios
para mi temprana Viena.

Subo a descansar: cama 3.
Litera con vistas a las piedras
convertidas en arquitectura.
Llego para irme
pero nunca me voy cuando he llegado.

Hostel Blues
19/01 01:30

***

Entre las luces del vodka rojo
anidan sonidos estelares,
movimientos de jarras enjuagadas
entre la tecnología
de los masmodernos.

De casualidad, la fiesta.
El hostal y su íntima newsletter
con recomendaciones de camarada.
Hay salas oscuras y pasillos
y el dj tiene pocas canas.

Se fuma, como en el Paraíso.
De 20 a 35 edades, crecen
como ajustados pantalones
de platino. El hombre de Angola
investiga en su pantalla gigante.

Ceniceros bestias, chimeneas
con el turco de las prescripciones.
Me amenaza del imperialismo
que embaraza a toda isla.
Hacia el segundo vodka rojo.

***

Se acercan las mujeres con carácter
y están a un paso de mi tinta.
Hablan llenas de consonantes
y yo no sé si alguna habrá leído
a Cervantes y traducirá esta letra.

Hay un café anacrónico
sobre la barra desgastada.
Vienen a por más, a saber el fondo
de esos estómagos violetas
donde fluyen líquidos innatos.

Ojos gigantes, y alguna pupila.
Me utilizan Internet
para hablarme de un cocktail.
Se trata del Tiki Puka Puka,
una locura casi balinesa, de color.

Tiene un gorro gris, y ríe
con dentadura gigante.
Pepino y hielo en vaso,
me hablan de un fotógrafo
mientras la juventud, exacerbada, baila.

***

Aquí la narración de Emre:
1945, un hito. Alemanes
y algún turista como siempre.
Se trata del Imperio Otomano
y del idioma, no ubicado.

Relaciones internacionales, embajadas,
la II, y los rencores
de las siempre penúltimas películas.
El exilio a Alemania
pese a los transgénicos.

Nuevos trabajadores alienados
con el fondo de la guerra,
para ahora hacer pan o llamamientos
conociéndose de algún encuentro,
lejos de otros continentes.

No hay un socialismo, hay
una historia oprimida
que depende de la etnología
y que hace consignas a extranjeros
aparentemente no planificados.

***

Nos abordó un eslovaco puro
de 200 viajes,
y el turco fue a parar con la más hermosa.
Sus amigas la sacaban del juego
y hablábamos de Pixar.

Ojos negros abrumados por el sol
no como los lejanos ciegos
de ojos claros, Pakistán, yo hablo.
Pestañas oceánicas
que hablan de los megapíxeles.

El barero interrumpe la función.
Su ¿hermana? es mística y abstracta,
casi un pasaje de Djuna Barnes.
Pero este bar no es Europa.
Es casi un teatro sin pretéritos.

Una gran perspectiva, el turco
no se preocupa de las amigas,
a razón de una polaca de Bahrein.
Hablar hasta el final del tiempo
y que no importe
la sangre que bombea el corazón.

***

A los pies de Vera escribo 
con una sopa de letras por mantel.
Se ha llevado el alegórico poema
donde un piano recordaba
a una muchacha consabida.

Tomaba el sol del parque, mejillas
rojas y plumas donde el alma
queda fieramente contenida.
Será una autora o maestra
en 15 años.

Entonces tomamos café,
ambos cappuccino. Hay tartas
pero estamos atentos a nuestro plural.
Somos 2 interesantes figuras
en estos pocos rayos.

Viviremos por carta una juventud
de absolutos y fotografías.
Y habrá recortes de nuestros paseos
mientras echamos de menos
instantes de hogar y calma.

***

4 vieneses duros, como catedráticos, discuten en tono imperativo a 3 pasos de esta silla de café rural. El Estilo es una ciencia, la vida su código añadido. Sobre el piano hay manteles blancos. Excursión de pantalla a Viena desde la honrosa Bratislava, y a favor de Vera, estoy en el distrito 7, incluyendo su radial de la gran M. Pero hay galerías con estampas de escultores y librerías con olor a queso y embutido. Tomé la gastronómica misión de pasear en busca de una salsa que manche mis bigotes, ¡y hasta el captador de socios empatizó conmigo! Grises, blancas, negras avenidas. Juglares escondidos entre vietnamitas, y espíritu de sempiterna catedral con frisos de leves faldas. El gesto se aligera en este subterráneo. Niños en tropel se alejan de las ventanas del vagón con vistas a los polígonos. Traen mi pollo con tomate. Escucho la palabra "poesía" no en la conversación de las brujas damas con parasol, sino en la gran topografía.

***

Me guía el concepto de pureza,
hoy más flexible
que el trampolín de los agostos.
Las puntas de piedra
deben suponer trabajo inmenso.

A punto de volver al parque
de los cappuccinos, opto por flores
que dejaré sentadas 
tras el examen de inglés
por el que me han abandonado.

Distritos marcados por puntos y coma,
paso al 8, donde un puente
me recuerda al mejor París.
Logotipos aberrantes se mezclan
con la elegancia de la precocidad.

He hablado demasiado.
Para haber justicia, debería volver
cuatro siglos a sus labios de panadera,
y dejar en mi diario insertas
hojas checas.

Hausmair's Keilernossi
19/01 15:20

***

En el subterráneo de los apuntes
hay gente equipada, perfecta,
sociedades de desarrollo
hasta alcanzar una sinceridad
que transgrede a las orquestas.

Fanzines de economía y medio ambiente
cuelgan de los pasamanos,
y una bufanda roja con dos piernas
podría ser Umbral. Pero se trata
de una adolescente virgen.

Mapas con sonidos sin vocales,
la U2 llega a la estación.
He perdido mi billete de vuelta
y tendré que manipular
al jefe de los autobuses.

Cierto encanto Europa
de repente. No hay bazares ni sortijas
pero sí relojes de amarga tradición,
y un barniz de chimenea
anega la paz de las esquinas.

Schottentor
19/01 18:15

***

De repente estoy sentado
en un centro comercial.
Sólo los 2 infantes discapacitados
que gobiernan mi mesa
son amigos míos.

Zonas para fumadores
como en el preludio de los aviones,
tanto neón vertebra
el gas de este refresco
mientras abro, loco, el e-mail.

Le he dejado a Vera flores de buzón
en su número 11,
¡y menudo portal de ambiente
donde hubiera querido soltar bombones
y contemplar su pelo corto!

A manos libres, un ejecutivo
bebe casi champaña, entre las pajitas.
5,50 € dice la oferta
y yo no sé qué incluye aquel idioma
que sabré a causa de otro idioma.

Stadion
19/01 18:45

***

Deseo abarcar un hogar que vuele y camine a raíz de los viajes, desde el café en Moscú a las 16 porque muero de caliente sed a los 4 meses con la mochila quejumbrosa y estampas en cada señal, porque a cada lugar le corresponde un poema. Ahora hablo con la recepcionista, por ejemplo, pero hay como gringos recién llegados a 2 mesas, una guitarra clásica colgada y rara música, todo al mismo tiempo. Hacia los Instantes Atómicos, donde lo particular subyazca como universal y lo universal se represente a través de la vinculación de lo psicológico y lo experiencial. Como la hora que he estado de pie en el arrabal de Viena esperando a que un vecino abriese la puerta de Vera para dejarle el lúdico ramo de las mezclas mientras jugaba al ajedrez con unos árabes que sintonizaban Al-Jazeera a 4 números. Y la enorme sensación de una Poética, de un estilo inconmensurable que será un dinosaurio entre las aguas.

Spitalska
19/01 21:30

***

Me traerán una sopa en un pan
en 10 minutos. Y un pescado
entre las prendas eslovacas
que cuelgan de los muros
entre los olores, e incluso aromas.

Vengo para irme. 2 días investigando
las compuertas de la temperatura
y todo un crisol enamorado
en la región de Mozart,
ese demonio precoz, insatisfecho.

En cualquier caso, adornan cervezas
mis tripas de amianto
y tengo el culo rígido
a raíz del agua cubana.
Mi abuela que aquí perecería.

Cornamentas o trofeos
me llevan hasta los musgos.
Fruto del almohadón,
un ronquido que no me despierta.
Vistas imponentes en 6 pisos.

Slovak Pub
19/01 21:55

***


Un hombre medio está
sentado tomando pizza
con una mujer que sabe más que él,
unas 2 millones de veces
más. De nada se da cuenta:
es un enigma lo de este engaño.

Pizarras seduciendo al paseante
con la palabra "cabra"
hacen de estos hospicios
un capitalismo tierno
del que uno no se da ni cuenta.

Tiempos de la URSS, la geografía
fue como jugar
una tarde de todas las tardes
a ser holismo cierto,
mientras éramos autores.

Porcelana revestida de figura,
la camarera tiene como familia.
No es cuestión de ombligo,
es esta canción multicanal
que devuelve a los espías a la tierra.

Slovak Pub
19/01 22:10

***


De nuevo ante el dj, aunque otro
en una caverna con velas
y un "supervodka" recién ordenado.
Compases y fugas planetarias
y un rigor: rigor subterráneo.

Antro endiablado el "KGB":
una mujer con un pañuelo 
sosteniendo la mano en cruz
sobre los aposentos serios
de la calle Kokolschka.

Píxeles endiablados en la TV
que ausculta el tocadiscos.
Mis 5 € de cambio brillan
cuando arriba el alcohol
a la mesita de los contrapesos.

Something deep inside
masculla la camarera de ayer,
que delante se aparece. Punki,
es una pasmosa drogadicta
en una ciudad pequeña.

Radost Club
19/01 22:55


***


Dos muchachas de Viena
que no serán Vera jamás
se mezclan entre los altibajos
de la sangre o los micrófonos
en la última helada noche.

Fumando como cosacos
los esclavos terratenientes
trazan equis perdidas en sus mapas
de viajeros, luminarias
de un trayecto antes descubierto.

Dos tramos de escaleras
llevan al subsuelo de un maestro.
Pasa la local con su gorrita
y yo pienso en los mendigos
que soportan estos márgenes.

Asientan rostros electrónicos.
La descripción es ese lugar
que nunca hallaremos,
que siempre bordearemos:
nuestra última casa.

Radost Club
19/01 23:10

***

Concepciones del cielo y del viaje que se abrazan, en un místico despertar, en un contra-lo-vulgar-imposible, entre los hornos inciertos que bosquejan la nube de los castillos. Paralelogramos pop sin sol de parque, edificios que acaban en el pequeño comercio y no hay estadística posible sobre los peces que flotan en estos ríos de Dios. Palpo la religión. Recobraré la fe el día en que enferme. Me faltarán riñones y un fallo general imposibilitará mi flor salvaje. Torcer el cuello ante la gracia de las gentes que aún desconocemos, demostrar la fiereza y la hombría físicamente, sin palabras, ¡al fin!, sin que haya cigarrillos en la gran avenida de las corbatas, y que una gaviota contaminada se estampe contra el girasol de boreales auroras. Así hasta el Gran Parto. Luz como de flexo municipal: ¡bromeo! Luz de lámpara liberada en las tabernas mientras los vasos diminutos y estirados trasladan el principio de la altura.

Radost Club
19/01 23:20

***

Bebo como emanado
por cierto énfasis de la Naturaleza:
cometas en Nueva Zelanda
avisan del sinfín
de las posibilidades conquistadas.

Garitos de Madrid vencidos
por el don extranjero
donde espero a una bruja
con medias de color
que espanten las prisiones.

Cera apagada por el humo,
amanezco cerca del aeropuerto,
y este es el penúltimo poema,
¡seguramente!, que entono
desde las islas consabidas.

Rumores de tranvía,
truchas esplendorosas que malsuenan,
carcajean los vecinos
ante la rusa serpentina
que es la historia del país.

Radost Club
19/01 23:45

***

Aeropuerto vacío, yo fumo
en la sala habilitada. Un chocolate
espeso conmigo espera
la llamada de la natalidad.
Tatuados sorben conmigo.

Paseos fugaces, la dualidad
de Austria y Eslovaquia es evidente,
pero mi monismo viajero
destapa volcanes en los bocadillos,
besos en las despedidas.

Efímera puertecilla
a un continente del Continente,
deambulé por Arcadia
y observé entre las velas
a derretidos fotógrafos.

Soy un escritor, poeta si muero.
Organizo un organismo
o método de las vivencias.
El sol destila en el parque
de los reinos invisibles:
todo es cuestión del alma.

Aeropuerto Bratislava
20/01 08:45



De Instantes atómicos (inédito y acompañado de fotografías, 2016)