jueves, 19 de mayo de 2016

EL DESTIERRO DEL SÍMBOLO


Ojalá no te esparzas, símbolo,
y todo sea metáfora de todo
lo invisible. Yo no te dejaré
alzar el clima de tu podio
y así reine tu engaño persuasivo,
cuchillo rojo en la inocencia,
veneno entre los puentes
cuyo cuerpo inventó la arquitectura.
Te conozco, ¡y cómo prevaleces
con lúcida soltura frente al sitio
donde las aguas dan luz al nacimiento,
calladas y hay mutismo!
Sufro la apariencia de tu instante,
seducción o almanaque de las armas
ignoradas por la masa dirigida.
En tu lengua he visto yo
los lazos transparentes de la niebla,
pero debo tu destierro o moriré,
moriré en lo sagrado pero muerto
y nadie podrá llorar por mi equilibrio,
cobijo errante con lianas de sanción.
Tus enemigos deben ser muy fuertes
y tus amigos deben ser muy fuertes.
Tu magia es instalarte entre los verbos
para conjugar la descripción de la verdad,
pacto que susurras con mentiras
y absorbe la tangible salud de lo ordinario.
Demasiado inmortales tus ojos para mí,
pese a que el trato que fijamos
un amanecer de lámparas siniestras
haya hecho de mí algo inconcebible,
y esté en deuda contigo para siempre.
Debo entonces tu muerte al pausado raciocinio
y a una mujer que mancha las paredes
vinculando tus joyas rupestres al sentido,
pero sé que solo pensarás en mí
porque mi amor por ti fue grande
y casi verdadero, y casi verdadero.

lunes, 7 de marzo de 2016

"NADIE ES SERIO HASTA LOS VEINTISIETE AÑOS". Martín Rodríguez-Gaona a propósito de "María Eugenia".


Quiero que conozcas que para mí tu eres 
la razón más importante para contrariar el contubernio
de la multitud, la suprema ignorancia 
y la ausencia de lírica en el hacer de la gente.

Á. G.


En 1870, en "Novela", su célebre poema de formación, Arthur Rimbaud escribió: "Nadie es serio a los diecisiete años". 146 años después, y visto el estado de nuestras sociedades, incluyendo, por supuesto, la coyuntura política española, la conclusión podría ser que debemos evitar ser serios siempre. No obstante, como la eternidad no es una materia humana, los medios masivos globalizados han decretado, muy democráticamente, en distintos estilos musicales, que es recomendable esquivar la seriedad hasta los 27 años cuando, si insistimos en mantenernos fuera de la norma, también se nos ofrece la posibilidad de dejar de ser.

En María Eugenia, su cuarto libro de poemas, Álvaro Guijarro persiste en su voluntad de vivir manifestándose y continúa en la tradición lingüística de Rimbaud -la de la palabra transformada por el desborde y el lujo-, esta vez con homenajes explícitos de por medio. Así, entre la crónica de los avatares y la cotidianidad de una pareja, se registra un peregrinaje a la tumba del genio en Charleville, su ciudad natal, anécdota que constituye uno de los puntos cruciales de la narración.

Esta visita al origen encierra la celebración y la estrategia que resumen el planteamiento del libro. En efecto, probablemente la mejor perspectiva para leer María Eugenia sea como un relato sostenido de situaciones más o menos comunes -cuatro secciones o estancias con viajes, promesas, encuentros y desencuentros-, elevado a otra esfera por la alquimia de la energía y la emoción verbal. Prosas, versículos y estrofas que comparten el anhelo de un estado visionario, y cuyo motivo o pretexto es una figura femenina que el autor se atreve, no sólo a llamar por su nombre, sino incluso a invocar como título de la obra en su conjunto.

Y un gesto tan radical no debería ser baladí: vivimos en tiempos en los que pronunciar un nombre amado supone una rebeldía, pues nos expone frente al poder, al consumo y es una forma explícita de desafiar, entre otras cosas, el decoro literario. En concordancia, lo peculiar de los personajes que protagonizan el libro -el poeta y su compañera, que por su acción, voz y méritos específicos, es más que una musa- sería que representan a aquellos eternos adolescentes que aspiran, nada más y nada menos, que a convertirse en adolescentes eternos: individuos que se atreven a creer en el valor de la ingenuidad (o la pureza), que viven para la experiencia artística y sueñan con construir un mito. Personas que luchan por mantener su autonomía, al menos por medio de la creación de juegos de lenguaje o de un anecdotario propio. Como se aprecia, ciudadanos poco recomendables, arrojados al mundo con conciencia de su finitud, seres saturados de literatura.

Entonces, paradójicamente, quizá la única posibilidad de ser honestos sea vivir en una representación. Esto, además, parece ser lo más natural para una generación inmersa en la hegemonía de lo virtual, ese vértigo de lo efímero. Lo peculiar de la propuesta de Álvaro Guijarro es que dicha identidad autorrepresentada se proyecta hacia lo íntimo, y por eso se apoya tanto en el amor como en un pasado entrañable -la bohemia simbolista y el decadentismo-, desarrollando de este modo una sensibilidad inconformista pero privada, que añora y respeta otros momentos en los que la rebelión era, más que posible, palpable, cotidiana.

Persistir en la adolescencia, por lo tanto, no es necesariamente sucumbir frente a lo que el mundo burgués califica como inmadurez, sino una estrategia de resistencia. Aquí resalta no sólo la dedicación a una actividad tan peregrina como la poesía, sino la forma de entregarse a ella: con exclusividad, día a día, en los bares, en las redes, a través de la autoedición, desdeñando los circuitos formales, sus editoriales y sus premios, apostando por interlocutores de carne y hueso.

Pero, en la búsqueda de la excepción, resulta determinante la buena fortuna de hallar a alguien -que promete o a quien se promete, da lo mismo-, pero cuya aura la convierte en estímulo para la creación de belleza y con quien se puede vivir, si fuese necesario, en propensión al abismo: "Yo necesitaba alguien que me esculpiera, alguien que diera sentido a mis actos". Un ser que desde su propia fragilidad está dispuesto a alimentar esa clave exaltada y que, llegado el momento, sabrá admirar y compartir nuestras cicatrices.

El mapa que traza las páginas de María Eugenia inevitablemente culmina en el melodrama que implica todo aprendizaje vital. La belleza que alguna vez habitó en nosotros no nos exime de la muerte ni del fracaso. Esta persona especial también será la emisaria con la que llegaremos a constatar que la vida no alcanza, que, pese a las buenas intenciones y a la publicidad, el amor casi nunca es suficiente. Siempre algo falla: el destino, la época y hasta nosotros mismos.

Pero la poesía enseña que nadie pierde siempre o por completo. Por eso María Eugenia concluye con un nacimiento mítico, un ser vivo que son los propios poemas: los hijos de una madre virgen. Retoños que, gracias a la lectura y el poder engendrador de la palabra, también se transformarán en los poemas del otro, quien contará, a su manera, una historia que antes fue nuestra.


3/3/2016
Champanería María Pandora
Madrid

miércoles, 20 de enero de 2016

"BRATISLAVA - VIENA"


En un café imperial,
después de los grados sesudos
y un hostal con salas,
tomo cerezas frías,
cerca de la eslava catedral.

Investigo la sangre lenta,
las pupilas claras y duras
donde veo resumido
el siglo XX.
Ahora encienden la vela de mi mesa.

Hay poca gente paseando.
Todos se suben al tranvía
para soplar en sus puños
hasta percibir el vaho.
Hay como cervecerías...

Alguien se asoma por los pasadizos
sin catenaria. Gaviotas
vuelan estrechadas
cerca del soviético río.
Un zar brilla bajo su capota.


Café L'aura
Bratislava
18/01 15:40

***

Este lugar se abraza en 2 días.
Con los dedos largos,
da para tocar tanto la piedra
como la estación de tren
donde vagueo entre el vocabulario.

2 hipervínculos del aeropuerto
a esta plaza con cúpulas.
Un mapa donde la i
y la máquina del autobús
bebiéndose a trompicones las monedas.

Del avión a la pista en escalera,
esperaba a algún fotógrafo
ya no tanto para mí,
sino para la checa que rondaba
en mis asientos con abrigo verde.

¡Seducción continental! Lástima
que finjan mis cabellos
hacia claras paletas.
Todo daría por un mechón oscuro
que me regalara una fonética.

***

La ciudad se organiza a pequeños pasos. Patatas con bacon y como cebollino yerguen mi corazón hacia las lechuzas del invierno. Al hostal ha llegado una pequeña guardería, adolescentes de 14 con granitos blancos. La sala aterciopelada se mezcla con el hit pop de discoteca. Es pequeña esta atmósfera, y uno no sabe si continuará la urbe al alejarse del castillo. Con todo, siempre atravieso las venas, que son ventanas, y el mapa es mío en 30 segundos. Casi en busca de mi pan, deletreo de memoria los escaparates que se van repitiendo, ¡y me vuelvo a encontrar ante el centro comercial indiscutible! Había un grupo de obreros, 2 en manga corta. Habían lanzando desde la azotea una suerte de serpentina de plástico para los despojos. Debajo había una bocatillería, y el diálogo era evidente también por el cartel patriota, ya lejos de la clásica coordenada de campaña política. Todos se ayudan a todos con gestos y psicología: hablar es ceder ante la guerra del invierno.

***

Una máquina de coser disecada
y un traje folklórico
cuelgan del escaparate
donde son de hielo los reflejos
humanos.

Librerías como en grutas,
tiendas de jerseys y solamente,
pienso en el fantasma del calor
ante el que esta gente
eludiría sus calzoncillos largos.

Llega un grupo de vienesas
sin ningún violonchelo.
Hay una muchacha rizada
con rostro de faro.
Puedo adivinar la música en sus cejas.

A este pueblo se viene a imaginar,
y yo creo
que ni una revista a color
de puras crónicas
me haría evitar lo profundo.

Spitalska
18/01 16:50

***

Estoy dispuesto, no sé a qué,
pero estoy dispuesto.
Más que una puerta consabida,
hablo de que percibo al fin
las reglas de algún juego.

He abandonado la oscuridad.
A favor de una luz semántica,
anoto matices,
sabiendo que hoy compongo
la sinfonía de la luz.

Y tengo amigos, y sé de los hermanos.
La casa del póker, cerrada,
debió ser un lugar necio.
Frente al rótulo, rojo por supuesto,
se alzan un sinfín de lencerías.

Urbanismo como de astronautas
en relación a la India,
las campanas, ecoicas,
renuevan el atardecer.
Jeroglífica música en 2 horas.

Spitalska
18/01 17:00

***

Cerveza entre compases diabólicos
en inglés, cuando el eslovaco
es una adivinanza.
Ella tiene un examen mañana.
Chatea y yo la escucho.

Radiadores encendidos,
casmisetas rojas, víveres
y malos libros democráticos
sobre el mostrador internacional
antes de la noche de los gestos.

Me voy a entregar a un tren
mañana, o bailaré entre los vagones.
Los trabajadores de la radio
siempre fueron ralos, extraños,
científicos, económico-analíticos...

No me quejo de nada
a excepción de la sabiduría.
Yo quiero continentes al ser visto
o imaginado, y que mi cuerpo
sea un libro sin doblar.

Spitalska
18/01 19:20

***

Durante el vodka de los fumadores,
4 españoles de Erasmus
gritan por las calles antes de cenar
en un lugar malísimo.
Los locales comentan la jugada.

Los jóvenes eslovacos carcajean
en el sillón de la caverna.
Acabo de cenar bistec y patatas
con bacon en Roland,
una referencia o regalo al yo.

Botellas dadas la vuelta,
grifos cerrados por ser lunes
y mi presencia vertebrando
las conversaciones cercanas.
Buen momento para traducciones libres.

Los mejores licores no se esconden
y brillan.
Cantan los jóvenes sin nombre
y sin familia.
Un absoluto trampolín es la noche.

U Kata Bar
18/01 21:15

***

Entro en el piano, un refugio
pintoresco, vinilos colgando
y rojo a tonos
por cada pared de las maderas.
El artista es un erudito loco.

Recuerdo a Progenie entonces,
su cualidad mistérica en las notas
y el cuello arrojado y danzando
no únicamente por la estética.
Ella ama las guerras sin precio.

Un periódico cuelga del perchero
y una estampa de un emoticono
con una octava por dientes
me hilvana sonrisas, yo algo ido
por la descomposición del clima.

Si pudieras, mujer de hierro,
adorar las íntimas estancias
y entender mi luz que es tuya,
nos encontraríamos en esta plaza
y en todos los garabatos del planeta.

Café Studio
18/01 21:45

***

Aparece Francia en la narración a través de un instrumento sensible, y paso a buscar pipas de ébano y uvas con pipones por las estanterías de los tugurios preciosos y eslovacos. ¿Nunca me libraré de esa presión? Yo que ahora sé dónde está cada trópico, e incluso investigo sobre lingüística y herbología, ¿cuándo lastimaré a Europa con mi signo aborrecible? Alguien me hablaría de proyectos, esbozaría un plan genealógico perfecto e incontestable a todo nivel para los próximos 20 años, pero yo soy un pequeño ángel. Si esto sé no es por ocurrencia, sino por el destino de mi árbol. La lámpara de aceite, la leña en febrero, el potaje... Son códigos, y yo he aprendido a escribir y, más allá, a sentir. Pocos paseantes más luminosos que yo. Poca fiebre de las alturas para mi raíz de piedra hacia los guisantes. Escribir no existe. Quiero una familia, y verles nadar sobre la marcha mientras yo veo lo que ellos no ven.

Café Studio
18/01 21:55

***

La psicóloga del hostal
está enrollada con Mijail.
Mijail era un transeúnte hasta besarla.
Ahora yo les observo
y me convierto en su psicólogo perfecto.

El otro tipo trabaja 24 horas.
Veo desde lejos, 3 metros,
el poso de su vaso de café.
Pienso en la encuesta de las leches
que hice el otro día en el Van Gogh,
valorando densidad del 1 al 10.

Al beber agua siento mis huesos
y algún órgano de la E. S. O..
Arriba hay maletas rojas
y horarios
para mi temprana Viena.

Subo a descansar: cama 3.
Litera con vistas a las piedras
convertidas en arquitectura.
Llego para irme
pero nunca me voy cuando he llegado.

Hostel Blues
19/01 01:30

***

Entre las luces del vodka rojo
anidan sonidos estelares,
movimientos de jarras enjuagadas
entre la tecnología
de los masmodernos.

De casualidad, la fiesta.
El hostal y su íntima newsletter
con recomendaciones de camarada.
Hay salas oscuras y pasillos
y el dj tiene pocas canas.

Se fuma, como en el Paraíso.
De 20 a 35 edades, crecen
como ajustados pantalones
de platino. El hombre de Angola
investiga en su pantalla gigante.

Ceniceros bestias, chimeneas
con el turco de las prescripciones.
Me amenaza del imperialismo
que embaraza a toda isla.
Hacia el segundo vodka rojo.

***

Se acercan las mujeres con carácter
y están a un paso de mi tinta.
Hablan llenas de consonantes
y yo no sé si alguna habrá leído
a Cervantes y traducirá esta letra.

Hay un café anacrónico
sobre la barra desgastada.
Vienen a por más, a saber el fondo
de esos estómagos violetas
donde fluyen líquidos innatos.

Ojos gigantes, y alguna pupila.
Me utilizan Internet
para hablarme de un cocktail.
Se trata del Tiki Puka Puka,
una locura casi balinesa, de color.

Tiene un gorro gris, y ríe
con dentadura gigante.
Pepino y hielo en vaso,
me hablan de un fotógrafo
mientras la juventud, exacerbada, baila.

***

Aquí la narración de Emre:
1945, un hito. Alemanes
y algún turista como siempre.
Se trata del Imperio Otomano
y del idioma, no ubicado.

Relaciones internacionales, embajadas,
la II, y los rencores
de las siempre penúltimas películas.
El exilio a Alemania
pese a los transgénicos.

Nuevos trabajadores alienados
con el fondo de la guerra,
para ahora hacer pan o llamamientos
conociéndose de algún encuentro,
lejos de otros continentes.

No hay un socialismo, hay
una historia oprimida
que depende de la etnología
y que hace consignas a extranjeros
aparentemente no planificados.

***

Nos abordó un eslovaco puro
de 200 viajes,
y el turco fue a parar con la más hermosa.
Sus amigas la sacaban del juego
y hablábamos de Pixar.

Ojos negros abrumados por el sol
no como los lejanos ciegos
de ojos claros, Pakistán, yo hablo.
Pestañas oceánicas
que hablan de los megapíxeles.

El barero interrumpe la función.
Su ¿hermana? es mística y abstracta,
casi un pasaje de Djuna Barnes.
Pero este bar no es Europa.
Es casi un teatro sin pretéritos.

Una gran perspectiva, el turco
no se preocupa de las amigas,
a razón de una polaca de Bahrein.
Hablar hasta el final del tiempo
y que no importe
la sangre que bombea el corazón.

***

A los pies de Vera escribo 
con una sopa de letras por mantel.
Se ha llevado el alegórico poema
donde un piano recordaba
a una muchacha consabida.

Tomaba el sol del parque, mejillas
rojas y plumas donde el alma
queda fieramente contenida.
Será una autora o maestra
en 15 años.

Entonces tomamos café,
ambos cappuccino. Hay tartas
pero estamos atentos a nuestro plural.
Somos 2 interesantes figuras
en estos pocos rayos.

Viviremos por carta una juventud
de absolutos y fotografías.
Y habrá recortes de nuestros paseos
mientras echamos de menos
instantes de hogar y calma.

***

4 vieneses duros, como catedráticos, discuten en tono imperativo a 3 pasos de esta silla de café rural. El Estilo es una ciencia, la vida su código añadido. Sobre el piano hay manteles blancos. Excursión de pantalla a Viena desde la honrosa Bratislava, y a favor de Vera, estoy en el distrito 7, incluyendo su radial de la gran M. Pero hay galerías con estampas de escultores y librerías con olor a queso y embutido. Tomé la gastronómica misión de pasear en busca de una salsa que manche mis bigotes, ¡y hasta el captador de socios empatizó conmigo! Grises, blancas, negras avenidas. Juglares escondidos entre vietnamitas, y espíritu de sempiterna catedral con frisos de leves faldas. El gesto se aligera en este subterráneo. Niños en tropel se alejan de las ventanas del vagón con vistas a los polígonos. Traen mi pollo con tomate. Escucho la palabra "poesía" no en la conversación de las brujas damas con parasol, sino en la gran topografía.

***

Me guía el concepto de pureza,
hoy más flexible
que el trampolín de los agostos.
Las puntas de piedra
deben suponer trabajo inmenso.

A punto de volver al parque
de los cappuccinos, opto por flores
que dejaré sentadas 
tras el examen de inglés
por el que me han abandonado.

Distritos marcados por puntos y coma,
paso al 8, donde un puente
me recuerda al mejor París.
Logotipos aberrantes se mezclan
con la elegancia de la precocidad.

He hablado demasiado.
Para haber justicia, debería volver
cuatro siglos a sus labios de panadera,
y dejar en mi diario insertas
hojas checas.

Hausmair's Keilernossi
19/01 15:20

***

En el subterráneo de los apuntes
hay gente equipada, perfecta,
sociedades de desarrollo
hasta alcanzar una sinceridad
que transgrede a las orquestas.

Fanzines de economía y medio ambiente
cuelgan de los pasamanos,
y una bufanda roja con dos piernas
podría ser Umbral. Pero se trata
de una adolescente virgen.

Mapas con sonidos sin vocales,
la U2 llega a la estación.
He perdido mi billete de vuelta
y tendré que manipular
al jefe de los autobuses.

Cierto encanto Europa
de repente. No hay bazares ni sortijas
pero sí relojes de amarga tradición,
y un barniz de chimenea
anega la paz de las esquinas.

Schottentor
19/01 18:15

***

De repente estoy sentado
en un centro comercial.
Sólo los 2 infantes discapacitados
que gobiernan mi mesa
son amigos míos.

Zonas para fumadores
como en el preludio de los aviones,
tanto neón vertebra
el gas de este refresco
mientras abro, loco, el e-mail.

Le he dejado a Vera flores de buzón
en su número 11,
¡y menudo portal de ambiente
donde hubiera querido soltar bombones
y contemplar su pelo corto!

A manos libres, un ejecutivo
bebe casi champaña, entre las pajitas.
5,50 € dice la oferta
y yo no sé qué incluye aquel idioma
que sabré a causa de otro idioma.

Stadion
19/01 18:45

***

Deseo abarcar un hogar que vuele y camine a raíz de los viajes, desde el café en Moscú a las 16 porque muero de caliente sed a los 4 meses con la mochila quejumbrosa y estampas en cada señal, porque a cada lugar le corresponde un poema. Ahora hablo con la recepcionista, por ejemplo, pero hay como gringos recién llegados a 2 mesas, una guitarra clásica colgada y rara música, todo al mismo tiempo. Hacia las Impresiones Atómicas, donde lo particular subyazca como universal y lo universal se represente a través de la vinculación de lo psicológico y lo experiencial. Como la hora que he estado de pie en el arrabal de Viena esperando a que un vecino abriese la puerta de Vera para dejarle el lúdico ramo de las mezclas mientras jugaba al ajedrez con unos árabes que sintonizaban Al-Jazeera a 4 números. Y la enorme sensación de una Poética, de un estilo inconmensurable que será un dinosaurio entre las aguas.

Spitalska
19/01 21:30

***

Me traerán una sopa en un pan
en 10 minutos. Y un pescado
entre las prendas eslovacas
que cuelgan de los muros
entre los olores, e incluso aromas.

Vengo para irme. 2 días investigando
las compuertas de la temperatura
y todo un crisol enamorado
en la región de Mozart,
ese demonio precoz, insatisfecho.

En cualquier caso, adornan cervezas
mis tripas de amianto
y tengo el culo rígido
a raíz del agua cubana.
Mi abuela que aquí perecería.

Cornamentas o trofeos
me llevan hasta los musgos.
Fruto del almohadón,
un ronquido que no me despierta.
Vistas imponentes en 6 pisos.

Slovak Pub
19/01 21:55

***


Un hombre medio está
sentado tomando pizza
con una mujer que sabe más que él,
unas 2 millones de veces
más. De nada se da cuenta:
es un enigma lo de este engaño.

Pizarras seduciendo al paseante
con la palabra "cabra"
hacen de estos hospicios
un capitalismo tierno
del que uno no se da ni cuenta.

Tiempos de la URSS, la geografía
fue como jugar
una tarde de todas las tardes
a ser holismo cierto,
mientras éramos autores.

Porcelana revestida de figura,
la camarera tiene como familia.
No es cuestión de ombligo,
es esta canción multicanal
que devuelve a los espías a la tierra.

Slovak Pub
19/01 22:10

***


De nuevo ante el dj, aunque otro
en una caverna con velas
y un "supervodka" recién ordenado.
Compases y fugas planetarias
y un rigor: rigor subterráneo.

Antro endiablado el "KGB":
una mujer con un pañuelo 
sosteniendo la mano en cruz
sobre los aposentos serios
de la calle Kokolschka.

Píxeles endiablados en la TV
que ausculta el tocadiscos.
Mis 5 € de cambio brillan
cuando arriba el alcohol
a la mesita de los contrapesos.

Something deep inside
masculla la camarera de ayer,
que delante se aparece. Punki,
es una pasmosa drogadicta
en una ciudad pequeña.

Radost Club
19/01 22:55


***


Dos muchachas de Viena
que no serán Vera jamás
se mezclan entre los altibajos
de la sangre o los micrófonos
en la última helada noche.

Fumando como cosacos
los esclavos terratenientes
trazan equis perdidas en sus mapas
de viajeros, luminarias
de un trayecto antes descubierto.

Dos tramos de escaleras
llevan al subsuelo de un maestro.
Pasa la local con su gorrita
y yo pienso en los mendigos
que soportan estos márgenes.

Asientan rostros electrónicos.
La descripción es ese lugar
que nunca hallaremos,
que siempre bordearemos:
nuestra última casa.

Radost Club
19/01 23:10

***

Concepciones del cielo y del viaje que se abrazan, en un místico despertar, en un contra-lo-vulgar-imposible, entre los hornos inciertos que bosquejan la nube de los castillos. Paralelogramos pop sin sol de parque, edificios que acaban en el pequeño comercio y no hay estadística posible sobre los peces que flotan en estos ríos de Dios. Palpo la religión. Recobraré la fe el día en que enferme. Me faltarán riñones y un fallo general imposibilitará mi flor salvaje. Torcer el cuello ante la gracia de las gentes que aún desconocemos, demostrar la fiereza y la hombría físicamente, sin palabras, ¡al fin!, sin que haya cigarrillos en la gran avenida de las corbatas, y que una gaviota contaminada se estampe contra el girasol de boreales auroras. Así hasta el Gran Parto. Luz como de flexo municipal: ¡bromeo! Luz de lámpara liberada en las tabernas mientras los vasos diminutos y estirados trasladan el principio de la altura.

Radost Club
19/01 23:20

***

Bebo como emanado
por cierto énfasis de la Naturaleza:
cometas en Nueva Zelanda
avisan del sinfín
de las posibilidades conquistadas.

Garitos de Madrid vencidos
por el don extranjero
donde espero a una bruja
con medias de color
que espanten las prisiones.

Cera apagada por el humo,
amanezco cerca del aeropuerto,
y este es el penúltimo poema,
¡seguramente!, que entono
desde las islas consabidas.

Rumores de tranvía,
truchas esplendorosas que malsuenan,
carcajean los vecinos
ante la rusa serpentina
que es la historia del país.

Radost Club
19/01 23:45

***

Aeropuerto vacío, yo fumo
en la sala habilitada. Un chocolate
espeso conmigo espera
la llamada de la natalidad.
Tatuados sorben conmigo.

Paseos fugaces, la dualidad
de Austria y Eslovaquia es evidente,
pero mi monismo viajero
destapa volcanes en los bocadillos,
besos en las despedidas.

Efímera puertecilla
a un continente del Continente,
deambulé por Arcadia
y observé entre las velas
a derretidos fotógrafos.

Soy un escritor, poeta si muero.
Organizo un organismo
o método de las vivencias.
El sol destila en el parque
de los reinos invisibles:
todo es cuestión del alma.

Aeropuerto Bratislava
20/01 08:45


lunes, 14 de diciembre de 2015

MÍSTICOS Y MODERNOS: POESÍA EN TIEMPOS DE CRISIS. BIBLIOTECA ANA MARÍA MATUTE. CARABANCHEL, MADRID. REVISTA VOLAVÉRUNT. 14/12/2015.

Dividiré mi tiempo en tres apartados: “El Yo como forma de Nosotros”, “Mística en el Penúltimo Ahora” y “Juventud de negro bolígrafo”, intentando tener en consideración aquellas sabias palabras que pronunciara T. S. Eliot: “Para teorizar se requiere una inmensa ingenuidad; para no teorizar hace falta una inmensa honestidad”. Con todo, no olvidaré en ningún momento el nombre que hoy nos convoca: “Místicos y modernos: poesía en tiempos de crisis”; y su apellido, por el que estamos aquí hoy mis compañeros y yo: el rastro de la poesía mística escrita en el s. XVI y, en un plano general, la mística como concepto y su posible herencia hasta nosotros.

1. EL YO COMO FORMA DE NOSOTROS

Si algo llama la atención de la mística es la progresiva desfiguración del Yo que pronuncia su palabra hasta unirse con Dios. Es este un Yo educado, que trabaja su paso por los diferentes estadios que refieren a aquél con el anhelan fundirse, y donde la conciencia es poseedora, ya sea por causas subjetivas u objetivas (esto englobaría desde visiones a fenómenos fisiológicos) de a qué distancia se encuentra de Dios y, sobremanera, de cómo se siente el místico durante dicho proceso. Al leer a San Juan o a Santa Teresa sentimos en todo momento el tormento de una experiencia vital compleja y temperamental, donde lo que se pone en juego, la vida misma, el Yo desde su constitución racionalista moderna, en favor de algo supremo, no constituye una causa de culpa ni algo que después se vaya a poder recriminar de ninguna forma, a nadie, ni al sí-mismo ni a la entidad rectora que ha impulsado esa deriva. En cualquier caso, esta forma de afrontar dicha experiencia vital no podría ser de otro modo, o al menos eso percibimos a cada momento. No podemos entender el pacto del místico con Dios si no es a través de esa llama de amor viva de la que habla San Juan o esa hermosura que, sin herir, hace dolor, como escribiría Santa Teresa en una de sus cartas. De este modo, el Yo, al que le concedemos un valor furioso desde fuera por ser capaz de determinarse al arduo camino que le ha de llevar a Él, vemos que pasa por un primer estrato de afirmación consigo mismo, donde diríamos que se prepara, afianzándose en su propia fuerza; un segundo proceso de relativa incógnita, donde el Yo está sujeto al acontecer que lleva consigo esa aventura; y un último proceso, y que es el que me interesa por cómo el Yo se difumina, donde el místico se afirma, digamos, negativamente, donde es en la medida en que no es, para constituir otra tipología del ser, al entrar en contacto con el reino de Dios. En este último punto, que desde la teoría se relacionaría con la vía unitiva, el Yo se convierte en Otro, y de ese Otro al Nosotros hay una vinculación que, pienso, tiene sentido abordar.
Cuando un escritor o, para más ejemplo, un poeta, escribe desde el Nosotros, hay que pensar por qué lo hace, y que le ha llevado a tomar dicha perspectiva. En primera instancia, podríamos pensar que escoger el Nosotros como pronombre tiene que ver con una cuestión de eficacia, en el sentido de que lo que el poeta desea desentrañar es algo relativo a un conjunto de individuos de los que se siente partícipe, diríamos, de modo simbólico; o como ejemplo de una unidad más grande en la que es menester englobarse, porque lo que se dice ya es sabido o, más allá, está soterrado pero al alcance de todos, permanece, por decirlo así, en un refugio inconsciente. La metodología que formula la psicología cuando aborda la cuestión del inconsciente reza algo así como: los contenidos de naturaleza arquetípica ponen de manifiesto hechos que suceden en lo inconsciente colectivo. Siendo así, lo que el poeta estaría haciendo al escoger el Nosotros como topografía sería la de hacer manifiestos pensamientos comunes. Pero hay otra forma más profunda de entender la utilización del Nosotros y que es, pienso, la que entronca con lo que vengo apuntando en relación a la mística como una divagación, y es el paso de ese Yo a un Otro y, después, a un Nosotros. En este segundo caso el Yo llega al Otro, podríamos decir, como por exceso, y ese Otro se amplía hasta crear un Nosotros que es una perfecta suma de Otros. Llamo “exceso” a escribir mis desencuentros y sean tus desencuentros, a que mis pretendidos escondites sean lugares comunes para ti. El místico, que abandona su Yo en relación a algo inconmensurable y diferente a sí mismo, no renuncia, como apuntábamos antes, a sí mismo, sino que se afirma en algo diferente a él mismo, por medio de formas que tienen mucho que ver con el amor. Así, el Nosotros del que hablamos ahora sería como hablar, en realidad, sobre un Yo que, pese a que se piense como un Yo, es un Nosotros siempre, por el arco que agolpa su expresión. Esta idea se relaciona con el paso último del místico, y es cuando entiende que ese Otro está en él mismo, de ahí la pregunta de San Juan a Dios: “¿A dónde te escondiste?”, siendo la respuesta “En ti mismo” o como resumió el Maestro Eckhart: “El ojo con que veo a Dios es el mismo ojo con el que Dios me ve”. Así, podríamos decir, que el Yo de los místicos es un Otro que puede verse, por accidente, como un Nosotros más amplio donde caben él (el Yo), alguien con quien espera dialogar (un Otro) y, más allá, un plural cosmogónico pero siempre capaz de ser personal e intransferible (un Nosotros), a través de lo expresado: la letra y el vacío que convoca y que sólo espera ser colmado por significaciones ajenas pero siempre, en esencia, vinculantes a lo propio y sólo propio.

2. MÍSTICA EN EL PENÚLTIMO AHORA

Cuando hablamos de mística, y más propiamente de la mística española del s. XVI, entendemos y presuponemos que hablamos de una unión, por parte de estos místicos, con un Dios cristiano, y que el sistema de la Iglesia se da por objetivo, pese a que la experiencia mística pueda trascender a esta institución. Pero no hay que olvidar jamás el contexto, la enciclopedia de la que forman parte los tomos que a veces consideramos libros autónomos. En este sentido, sería digno y concreto dejar constancia del estado de corrupción que vivía la Iglesia al finalizar la Edad Media, y que causó la reforma del Cardenal Cisneros; o de cómo la mística del s. XVI fue, de fondo, una solución dentro de la religiosidad ortodoxa a la huella del protestantismo, que se saldó con la Contrarreforma, acaecida entre finales del propio s. XVI y principios del s. XVII. Estos hechos y otros tantos podrían dar cuenta o hacer entender, de una forma más clara, el milagro de que estos autores aparecieran y de una forma, además, tan esmerada. Pero el Ahora, el Ahora en mayúscula, el Ahora pendiente de ser traducido por el pensamiento de cada uno, en el 2015, tiene diferentes coordenadas, pese al claro símil con aquella época de un proceso sistémico e insostenible como es hoy el capitalismo y los oscuros mecanismos que lo sustentan atentando contra una sociedad cada vez más indefensa y alejada de los absolutos, y que allí podría equivaler a la conquista del Nuevo Mundo y el carácter religioso del Cristianismo a raíz de la Reconquista, a muy grosso modo. Así, mi propósito será el de traer aquí el debate sobre si es posible hoy recomponer el espíritu, personal y común, de un hábitat cada vez más material y menos orientado al misticismo, del modo más humilde, vinculado o no con la religión, esto es, participando de un concepto de “misticismo” más flexible y abierto; y haciendo énfasis en el adjetivo “penúltimo” que da forma a este apartado, y que refiere al Ahora que vivimos subjetivándolo, como todo período de la historia se subjetiva al ser pensado en conjunto y con conciencia de lo contingente, lo que veremos puede ser un impedimento para el propio desarrollo del misticismo en sí mismo, pues la vida, así, se relativiza.
Por otro lado, se halla lo íntimo. Lo místico tiene como principio conciencia de la totalidad. Admite lo efímero y transitorio únicamente en tanto y cuanto sean efectos, razones sobre la unidad que pretenden. Pero esta unidad no refiere únicamente al místico, sino a la comunidad, como hemos desarrollado anteriormente. Ahora bien, si esta comunidad está sujeta a un orden histórico y temporal con conciencia estructural y, más allá, material, sabedor además de que lo que efectúa en la cronología de su época es pasajero o, dicho de otra forma, no tiene implicaciones materiales reales, el alma de quien actúa pasa a morir. En una sociedad globalizada, tendente a ser homogénea, con valores culturales degradados, valores humanos negados y donde el poder está ejemplificado a la legua y es reconocible y, pese a ello, nos es difícil luchar y habitar el territorio que es nuestro de manera legítima, la figura del místico, ahora sí, se convierte en milagro. Milagro por la inmediatez que propugna la tecnología, milagro por el individualismo feroz y la debilidad del romántico, milagro por cómo se va retorciendo la sensibilidad. Hay dos maneras de ser místico hoy, dos planteamientos para llegar a serlo. El primero de esos planteamientos, desde mi punto de vista, sería negar la realidad y negar el continuum y al ser humano como animal social o, como apunta San Juan: “La pureza del alma consiste en que no se le pegue ninguna afección de criatura ni de temporalidad”, entendiendo “realidad” como estructura socio-política y cultural, y llegar, desde esa “ignorancia” (“ignorancia” aquí rebosa de ironía), a un lugar desde el que sentirse fuera de la mortaja que produce nuestro siglo en los individuos que lo habitamos La otra manera, el otro método, sería, directamente, la locura. José Ángel Valente, en su conjunto de ensayos “La piedra y su centro”, al tantear la relación entre el amor y la mística, considera la posición del psiquiatra Ronald David Laing, cuando éste establece “una aproximación de signo positivo de los fenómenos psicóticos a los fenómenos místicos”. La locura, que bien podría ser una derivación del primer planteamiento que he tratado de esbozar, sería aquí una salida forzosa a la maquinaria de la realidad donde, el individuo, superado por los caracteres que el Ahora le impone y que no es capaz de soslayar, pasa a sublimar, a través de su mente, todo lo enfermo que habita fuera de él, hasta encarnarlo él mismo y que la unión que establezca sea con la potencia reprimida del sí-mismo, donde no hay verdad desde la normatividad pero sí pasión y éxtasis desde el canon del sujeto, disuelto, que experimenta. En cualquier caso, lo que sí poseen y, tal vez, sólo poseen estas dos tipologías es el lenguaje, el lenguaje como principio de realidad.

3. JUVENTUD DE NEGRO BOLÍGRAFO

Se viene produciendo en España, en lo relativo a la poesía escrita a partir de 1980, un desarrollo y una elocuencia sobresalientes. Confluyendo poéticas de diversa índole, que fluyen de lo material a lo espiritual, también habitan los herederos de la riqueza del lenguaje e ideario novísimo, sobremanera seguidores de L. M. Panero y Pere Gimferrer; de forma más inmediata, los continuadores de la poesía de la experiencia, poblada de malentendidos y falsos vividores; y los posestructuralistas, que es la rama que yo resaltaría y evidenciaría como sinónimo de verdadero progreso, pese a tener una tradición clara en América Latina y Francia, y que es la vertiente en la que me voy a centrar para intentar llegar a alguna conclusión evidente en torno a la cuestión que nos ocupa: si se puede hallar alguna señal de misticismo en la poesía española hecha por nosotros. Por pura política y, posicionándome así en contra de nombres y listas de nombres, pese a que seguro surjan algunos después en el debate, hablaré en abstracto de estos autores y sus poéticas, siguiendo así con la línea que vengo trazando y que reivindica los imaginarios y no las particularidades. Hablemos, por tanto, desde el concepto, por qué no, de generación, que yo sí me atrevo a nombrar a diferencia de otros y con mucha gana.
Siempre que me paro a hablar de la escritura del Ahora doy pie a las palabras dejando claro que cualquier romanticismo ha muerto. Romanticismo que, en nuestro caso, puede ser una forma de misticismo. Esta muerte se relaciona de forma íntima con la figura del autor. El autor, expuesto en las redes sociales, está obligado a la máscara, sea para demolerla o para construir, cada temporada, una nueva y diferente, adaptada a las tempestades o bondades del día. Lo sabemos todo de todos los escritores si queremos saberlo. O sabemos, al menos, lo que ellos quieren que sepamos, que ya es bastante, frente a lo que pudiera ser publicar un libro en el s. XVI y no ser predicador como proliferaban entonces. Que comente esto no es gratuito, ya que fundamenta, en parte, la direccionalidad de la letra de estos escritores, que anticipan al Otro a la hora de escribir sus poemas, completando el vacío que el arte contemporáneo ha otorgado al intersticio entre obra y público, y que en el caso de la literatura, entorpece la creación, prostituyendo el misterio intrínseco que la publicación convoca. Esta situación también consolida un Yo que está obligado a ser irónico y reírse de sí mismo no tomándose lo suficientemente en serio como ocurría en los hálitos de la vanguardia de principios del s. XX, por poner un ejemplo grandilocuente y relativamente cercano, donde la incomunicación primero y la comunicación subsiguiente sostenida transversalmente a través del libro al ser presentado en sociedad después, eran el principio de expresión de cualquier autor o autora, hasta que pasear por las bibliotecas era sentir el alma de los escritores contenidos en cada grupo de hojas. En este sentido, el posible misticismo que vaya a poder existir ha de ser reeducado, y será fundamental que así sea, pues lo inacabado es cosa de la literatura, y el misticismo, aun siendo una forma de acabamiento, convoca a la penumbra, al eterno claroscuro que hace imaginar. Estos autores, desde ese Yo que abarca la línea clara a lo pop, cierta herencia vallejiana o surrealista y raramente una poesía ubicada en el silencio, hablan, comúnmente, de la familia, de amor y sexo, de existir en un panorama como el que nos circunda atendiendo a Internet o a cuestiones en clave política vinculadas al cuerpo, con un ansia de transformación sobremanera lingüística, creando juegos de lenguaje y desarrollos del verso libre en los que se aferran para no admitir la condición transformadora de la literatura, que al hallar a un individuo halla al mundo, y así el segmento se hace línea hasta un nuevo principio. Nuestra generación está dañada por la vida, y la unión de vida y obra ha pasado a ser cosa antigua. El posible misticismo que podamos estar viviendo se halla, en todo caso, en el desarrollo del lenguaje y en cómo la experiencia se hace formal, en cómo lo narrado se hace lingüístico. El lenguaje, así fue siempre y ahora más que nunca, es lo que nos queda, ya que la vida, en ese Penúltimo Ahora que estamos viviendo, está habitada, en su mayoría, por aventuras estrechas y falsas pasiones, y será cuando aprendamos a vivir en esta sociedad que debemos afirmar y no negar cuando el misticismo se halle en casi todo, porque estaremos tan poco acostumbrados a él que cualquier destello en la noche nos parecerá una luciérnaga y cualquier sombra una esplendorosa lechuza.