domingo, 25 de febrero de 2018

CUADERNO DE CRACOVIA


Estoy lejos y por eso hablo.
Los edificios vuelan sobre mí arañando hierba.
Cualquier transeúnte es todos los transeúntes.
No volveré a estar solo felizmente,
pero veré el gran día de la música al pasar,
inútil como la teoría.

Desde el camino nevado
los relojes son juguetes para las palomas,
y la tienda de libros ya no canta.
Parece el principio del mundo
esta felicidad de dos personas
que habita en mí, casi con timbre de colegio:
yo no he esparcido las imágenes
hacia la rampa del castillo.

¿Cuándo encontraré otra visión?
No creía en la calma,
y ahora soy un acordeón que duerme
pese al ácido café.
Esperar y esperar.
El instante adecuado para la razón,
viejo vagabundo
con olor a parque y heridas.

Y quiero un amuleto verde
que sume todos los pastos,
hasta la protección de mis sentidos.
Como un ave rota por la espalda
que ya se atreve a mirar
lo que va dejando debajo...
Sin fe, sólo hay algo sin rostro.
¡No alguien! A nosotros
nos pierde el rosa de los labios...

¿Se acaba, una insurrección vacía?
¿Entre mis manos, pleno febrero?
¿Calor de mis huesos a mis huesos?
Entonces nos acercaríamos más,
para fundar una palabra de cuerdas,
menta y patata machacada. Casi
como los demonios. Así de sabios.
Así de atentos a la ceremonia.
Eso es: un gran plato con grandes colores.

¿Cuándo nace el origen, si está
aburrido por ser causa de todos?
Yo, ya os digo, nunca nacería,
a no ser que la belleza me provoque
tierno danzar de pensamiento y tacto.

Es así como los números delatan
la falsa arquitectura,
elevando los oídos a la sonda
del otoño, en cuyo vientre nunca hay
azúcar disuelto para la gran noche.
Todo parece callado, sin embargo,
entre los códigos prensiles
y la maniatada voz de aquello que, sin líneas,
se acerca hasta mi puerta para hacer temblar.
No quiero sinónimos por tanto,
o una reunión de venenos primitivos
que, por negación, destaquen
y sorprendan, así, a lo íntimo del frío.
Lo que yo apetezco es el gran juego,
el sin mareas, vida
que la palabra, antes, nos robó.
Y cuya conquista es el aliento.
Y cuya ley fragmenta laberintos.
Porque primero fue el testamento
y después las horas ya vinieron
como torcidas, máscaras con signos
en el terror de los primeros artesanos.
Canción como simiente o entreacto,
yo soy el resultado de otros ecos
cuyas riendas no le corresponden
a mi psicológica presencia enardecida.

Árboles antiguos, manteles de pimienta,
bolas de cristal en los mercados
sin niebla de valle que perturbe
las sombras del improvisado salón,
mi cultura en veinte páginas: ¿quién
se atrevería a nombrar a un solo santo?
Pero las pruebas delatan al corazón,
y la escritura sólo sirve para el cielo,
penúltimos escalones de la tierra.

Caen así con eco los rescoldos
de una juventud muy viva,
pese al gran margen del error
y los vocablos de tan fuertes indecisos,
mapa con gesto de simiente
que camina transformado bajo el sol
de un dios que no precisa forma
ante lo grave del cuaderno
que ya asoma atento a la virtud.

¡Lugares! ¡Escondites! ¡Traiciones
con alma de tortuga! ¿Dónde voy
esta noche perlada por el magma
del universo bestial? Mi mochila
haría reír a más de un planeta,
pero tengo ya la edad del amor.
***

Magos, ¿quiénes seríamos? Tal vez el aceite de los astros, como una vieja canción absurda repitiéndose:

Negro don del alba,
en tu fuerza yo soy dos.

Blanco imán del velo,
en tu misterio yo no soy.

     Queda conjugar con humildad la triste suerte, y rezar para que nada pase. No creo en la debilidad del creyente; creo en la debilidad de la falta de pasión. La pasión es una de las formas sutiles con que Dios nos aguarda, y el perdón abdica ante cualquier vacío de pulso. En esto me reconozco lejano, carismático por antónimo, torpe como una resolución que no ha tenido tiempo de estar sujeta a reflexión. Cuidar de una mitología propia, un panteón sobre la chimenea, una silla sobre la campana de la catedral marrón... Y no preocuparme por lo que no puedo, ya que adonde no se sabe sólo se puede ir por donde no se sabe. 

CUATRO ELEMENTOS

La paz duerme
doce horas
despertando bebe
agua
y no molesta
sólo molesta
al que no viaja y come fuego y ve aire
en lo hondo
de la tierra.

VARIACIÓN SOBRE EL RECORDATORIO DE LOS CUATRO ELEMENTOS

La guerra es fuego
y por tanto aire
beber beber beber agua
sólo eso importa
cuando los verbos no existen
en la guerra
esparcida
por las camas
de la tierra.

***

Temo mucho las últimas cinco preguntas. Cuando esté en el lecho, en el techo, sobre el pozo, junto al musgo, ¿qué responderé como resumen? ¡No me entero de nada! Por no tener no tengo ni memoria. Soy un pedazo de limón bajando por el cauce del río y, en las orillas, los amigos del entierro ya sin preguntas ni ojos tensos. ¡Causar placidez, desenvoltura, afirmación por lo tierno de cada secreto! Me da que me anhelan, siendo deseado por ende:

A ti que miras, dime:
¿bien o mal?, ¿mal o bien?
Has estado descansando.
Mi agua es tuya, pero
¿bien o mal?, ¿mal o bien?
Dime, amigo: ¿fui?

     Las palabras provocan palabras: he ahí el truco de la humanidad.

***

No puede ser más verde ni contener tanta historia rocambolesca este nocturno lugar, cerca del órgano y la vela, el mantel de hilo y la conversación acelerada únicamente por el corazón de la pausa.
     Siento paz, casi nadie es mi enemigo en este instante, estoy en el espejo junto a mí, ¡y a nadie le importa lo más mínimo ni mi tristeza de siglos ni mi veladura! Ser sincero es lo más sencillo de este mundo.
     ¡Absorbamos la genial embestida de los sentimientos difíciles, creados para contrariar a las fuerzas medianas! ¡Demos el salto hasta el cristal sin medida, para sufrir después por alguna consideración ajena!
     Lo importante:

Hay que escribir bien
porque alguien nos escucha.
¿Cómo no vas a querer, entonces,
la perfección? Al menos
tapar lo que puedas tapar –nada–,
y siempre con el bien
porque es fuerte y no por ningún dado.

Lo antiguo es antiguo por sabio,
no por uso abyecto
o química imprecisa.
La voz camina en todos no por ser tan útil
sino porque, después de comenzar,
acabar es imposible.
(Hay más leyes, inventarlas es difícil.)

Cuando escribes alguien lee
tu mente es un paisaje
donde cada signo cuenta
el avance o el grave error.
Ten cuidado entonces, y justo
haz de todo algo exacto
porque no tienes el lujo de estar solo.

     Todo se hace y se convoca para alguien. El más solo es, además del más triste, el más cómico, pues es imposible. Aunque parezca que hay espacios, cuartos, ventanas con patios y demás catálogos pensados para dos pulmones, todo es mínimo para cuatro: ¡de ahí tu madre! No basta con ser silencioso, calmar la ira o hacer que caminas melancólico, ya que todo viene de alguien y hacia alguien se dirige. En este sentido, las palabras son un modo de reunión, y el único silencio que existe es aquel producido después de atravesar todo el conjunto de las palabras. ¡Cualquier otro silencio es falso! Por eso escribir es conquistar la paz, pero no sin antes ser el mayor de los salvajes. No creo en ningún otro tipo de investigación, y me dan miedo los que van hacia el silencio sin plantearse qué es el sonido, qué es callar y qué los distingue. Qué es, en definitiva, la soledad.

***

Los raíles cruzan en ambos sentidos unas calles empedradas hacia el gris. No es común la alegría a menos que se abra la charla. Caballos duermen para siempre detrás de los kioskos, a los que les atraviesa un cajero. Todas las botellas de agua tienen memoria, y el algodón es pasajero para los cristales gruesos. Sitios de cambio de dinero, cafeterías con velas y puentes sobre el Vistula sirven de ofrenda al escritor histórico. Giran, con ellos, las cervezas cálidas, antes de bajar por las escaleras de la trompeta. Todo alude a la lógica, al posible cambio de la gramática ceñida. Decir que no, tan tarde, para abandonar el ámbar, cuando haya desaparecido. Sin camino paralelo, lejos el doble irreal. Abandonado, como digo, al viaje, que es tutor:

Detrás de la nieve
la música es lenta
para el fácil morir,
untado de sol seco.

Hay un golpe de guante
en la bufanda de la plaza,
a la que atento observo
con alma de lechuza.

Varias veces marginaron
a mi fuerza, por completa,
pero mi orden satisface
hasta al tímido y violento.

Siempre estarás conmigo,
confianza, en el café
o en el desván último
rodeado de libros ciegos.

     Mirar hacia donde no queda, porque por donde se ha caminado todo es recuerdo, más veloz o más calmo. Como si hacer algo una sola vez bastara para que el mundo se dé por completado, y tengamos que salir del mapa para imaginar. ¡Qué cansancio de otros ecos! ¡Qué de palabras provenientes de un lugar que yo ya sé! Dame, mundo, una ruta nueva, ya que yo cumpliré intuitivamente los senderos, los caminos, tus paisajes.

***

Cerca de esta mesa se organizan los anticuarios, y hay una veleta con forma de rana que consagra los vientos. La muchacha que lee delante del cristal es más que vapor, sino luz en las torres. Quien quiso ser fuerte a medida que las plazas avanzaban es hoy un títere en el musgo que cruza la gasolina del avión. ¡Viejas salas de aeropuerto, zumos para la medianoche! Protegido por los ritos que emancipan del dolor a quien, con manto, los inicia, la música rueda aquí como vértebras puras. Los dos chicos jóvenes no hacen más que reír, en un idioma que me conduce a la naturaleza. Movido por el preludio de las velas, ser navegante es regalo de un hermano que recuerdo siempre feliz por la aventura, y al que tanto debo, desde las aulas a las aulas. Salir del frío cuando era invierno y caminar por las arenas, ¡faro de madrugada similar a un vigilante! Entonces ya sabíamos amar lo esencial, y configurar sin torpeza los giros libres del gesto descansado.

Dan las siete
y los caballos continúan
despiertos para el trote
de mis lejanas venas,
muy parecidas al amor.

Lo que yo sé no tiene nombre
ni abrigo que lo amanse,
pese a que sepa
que la bondad es un gran don
en el juego de estar vivo.

Son muchas las columnas
y la pesadilla del terror.
Atento a no sufrir,
la música es conmigo
entre teselas, entre bóvedas.

¡Ah, castigo! No
quieras seducirme sin grandeza:
de ti vuelo ya lejos.
Mi corazón es la sana partitura
de un pacto eterno como el mar.

***

Paseando por el barrio judío, con la nieve, uno piensa en el carácter: ¿qué es eso tan importante entre unos y otros? ¿De qué tamaño es la voz que comunica? Los misterios de la transformación son evidentes, pareciera imposible el cambio muchas veces. ¡Pero sudamos con tal de cambiar, y que alguien lo note! Yo ya no soy quien fui hace dos años, pero sigo siendo el de hace segundos. Supongo que en este esquema gran parte tiene que ver con la revolución. ¡Giros, giros, saltos en la narrativa! Ideas viejas, nada más hermoso que la conjetura de la esencia en marcha hacia otro yo. Es así como se crece, como se entiende, como se nace...:

Yo soy aquel
con cabeza en la cabeza
y tiernas manos frescas,
pero no seré
hasta que sea casi otro
o, directamente, un sordo.

Mirad cómo se mima
el rostro en soledad:
¡padece nubes!
Cuando me hayas confundido
la victoria de mi cuerpo
jugará a ser firme.

     Y desde la transformación, el camino de la identidad es magia o péndulo. Demasiadas voces corroen la sinestesia de la acción, ¡con lo múltiple reptando! Como alguien que se ha esforzado en ser multitud, la esencia dibuja viajes y corona formas. Así, cuando me preguntes, ya olvidado, seré el de plácida sonrisa y guerra adentro, que no pudo comunicar lo que le hacía único. Hay secretos que mueren al ser compartidos, y yo, pese a la transparencia de mi plexo, guardo emociones como la pirámide en el tan tan tan imposible bolsillo. Aquí es donde la literatura reina con toda propensión al exceso, ya que lo inclasificable halla expresiones nuevas forzosamente.

***

Antes que la tumba
tendré que expresar la fuerte
conmoción de mi careta.

No hay camino pérfido ni gozo
más allá, pero escucha:
las palabras se han reunido.

Como cuando encontré el hilo
en la tarde de la miel,
yo manzanas al manzano.

¡O ese tractor de viña! ¡Yo
montado, licor verde,
previo a la habitación oscura!

***

Que al salir de estas páginas nadie se haya enterado de nada, pero crea haberlo percibido todo. Que el apoyo hacia la cosa permanezca como difuso, porque se sigue todo según la densidad. Que se perciba la enorme llave del amor, su desembocadura de agua hacia el carro escondido. Que animales y flora suenen en un soliloquio de ámbar, y los cigarrillos sitúen la música dentro y fuera de la iglesia. Que se prediga el final de los paseos después de estudiar la ruta del perdido, y se encuentren besos tras el dosel de plata. Que surja, entre el color, el abrazo merecido y la rueda exacta, evitando así cualquier arrepentimiento. Que navegue la luz por las estancias hasta ser la noche antónimo del sol. Que sean tranquilas las brisas durante el magisterio de las cuevas, edificios de sal y raíles con agujeros. Que se cante inesperadamente, pues no hay nada más brutal que ser honesto. Que se venga a este lugar a hacer circular la ligereza, pluma de pájaro que quiere vivir.

Los patos del estanque,
desterrados,
derraman sangre cúbica.
El tranvía obedece
sumando árboles. Cabaña
de flamencos, invierno
es para todos ser así.
No intentes, maestro de las velas,
esperar de la embestida
agua fresca,
ya que caerá iluminada
como el humo de tu té.
Y es tan frágil morir...
Los amigos de tu lustro
perseguirán las formas,
el papel será de todos,
en el teatro se dirá, en voz
muy baja, que no fuiste.
¡Cuaderno nuevo,
caída de los ángulos precisos!
Para que, entregada la rima,
quede lo químico en suspenso,
saludándote los viejos eremitas
al trazar
el paso de las suelas,
música primera y segunda.
Como una nieve perpetua
te avecinas, canción, y yo ya sé
tu sala de colores, tu cine
forzado hacia las seis.
¿Quieres amar? Sí. ¿Quieres
amar de nuevo? Sí, y fue
la luz de los violines, a la izquierda,
loca música, pies de iglesia,
memoria para barrios enterrados.
Con todo, superaste
la tontería de los himnos. La cultura
fue, para ti, misterio
del cauce hacia el cauce.
Piensa tranquilo, hijo... Y ¡ah!:
tienes pan y mermelada
entre los dientes.

***

Estoy sentado en una de las siete mesas, con dos mujeres duras tras la barra. Venden bollos como artesanía, licor como elixir, galletas de vainilla igual que un lujo extraño. Soy apreciado entre ellos, pese a que el gesto de vuelta sea de madera. Veo a través de las ventanas la nieve cayendo, con las catenarias empapadas. Hay, también, seres extraños que nos hacen concebir, sin insulto que quepa, lo amplio de las gafas. ¡Educar la percepción, a eso vine! ¡Ese ha sido siempre mi tesoro, mi gracia, mi espejismo de hielo en julio! Adivinar las capas que alberga la visión, y organizar su temperamento, el cual escapa jovialmente de nuestros ojos pensados para lo contrario de la contemplación. ¿Hay una partida? ¿Se observa, igual que ayer, con libertad? Es como si el conocimiento se fuera sedimentando... Mi fuerza es la fuerza del extranjero, y en ese puzle es importante cómo soy de ajeno a los que me reciben. No concebir el exotismo, por tanto, ya que todos estamos hechos para el cuento; pero tampoco ser misterio sólo, ya que entonces vulgar crítica.

A través de las ventanas
más ventanas
más ventanas,
para permitir el tacto.

Casi lejos, pienso
en volar lento
hacia la historia
hacia la historia.

No es suficiente
la cultura atenta,
la cultura atenta
al museo de ladrillo.

Disecciona, poeta, la luz
escondida de los trenes,
la guerra de rol vano,
el terror del mediodía.

***

En la enemistad no fluye el espacio, ni se amontona la gloria. Desde la enemistad se rompe el altavoz de la encantadora sala, con ese eco de pared que conocen los elegidos. ¡Amigos, sed de los mapas con relieve! Yo os tuve, os mantuve, os llamé con la tonta interferencia; y ahora la música parte en dos mi jersey amarillo... Mirad, entonces, cómo choca la lluvia negra contra mi cuerpo sigiloso. Soy, aquí, tan alto como los candelabros. Mesas suman a mesas el gentío, y tartas blancas son chispa entre las muelas. ¡Feliz coincidencia la de ser para colmar la etapa de la juventud perdida, unido a nada y a todo por metáfora! De la A a la B, saltando a la comba, con ese premio idiota de la final, como hígado y piel de pato con el puente. Zuecos transparentes, el mercado agota las últimas tripas secas, muy cerca de la fruta. Son encantadoras las mujeres viejas: ¡llevan 900 años esperando! Agradable es para alguien ser así. Yo no pude elegir demasiado: ¡ahora lo advierto! Cuando la poesía llega, todo es maleable. El coche me aparta con su luz. Estoy sobre el tejado de la catedral, esperando el verano. Las tiendas donde se intercambia el dinero nada nada nada. Ofrecen chocolate: el calor es un fantasma con pies de barro. ¡Y el barro helado es más peligroso todavía que el cristal! La sinceridad, amigos, se construye siempre siempre siempre con palabras:

Botellas cuajan,
elegante misterio,
en la plaza judía:
hora de cenar.

Se camina rápido,
obligatoriamente,
hacia la casa azul
del pescado seco.

¡Todo se ha dicho!
¿Inventaré, así,
amarillas palabras,
sueldo de otro sol?

No me creáis al decir
que soy imposible:
la verdad es resultado
de una oscura justicia.

***

Caminad, palabras mías, hacia donde no se debe, y apenas se toca pie. Yo os he visto allí, en la más vieja gruta, en el más temible de los relatos, esperando a que alguien os rescate. No es fácil pertenecer a todos, símbolos por poco, ni aguardar el mecanismo innato del hombre o la mujer. ¡Vosotras niño, vosotras niño! Y como una canción con sabor a derrota, mi entendimiento os entrego, cofre de paz y viveza. Expresión plástica con líneas grandes que sigan el dibujo. Globo hacia la atmósfera con motores cruzando el eje de vuestra entera reunión. Jardín de infancia sin abecedario que haga comenzar vuestro juego terráqueo. ¿Dónde estáis ahora? ¿Cuál es el fenómeno perfecto? Yo sólo quiero más de vosotras, todo lo que podáis ofrecer. Pero ¿qué es vuestra lógica en comparación con la de un pobre hombre? ¡Sois más de una! ¡Sois todos! ¡Por accidente!

Yo te esperaba, palabra,
en la pequeña casa
del desayuno perfecto.
Tus gestos contrarios
a la norma de mi fe
rompían con tu música
acelerada y devota.
No supe hasta después,
palabra, que eras
grande y albergabas
lo que yo después sería,
y que toda mi muerte
era sintaxis tuya
o, en tu lenguaje:
una gramática cerrada.

***

La despedida se acerca. Esta es la última noche en la cama aérea. A ella se sube por una escalerita, pero es la típica historia que no importa un bledo. Importan, eso sí, las últimas emociones, pendiente ya del aeropuerto y la duda de la multa por fumar en el vidrio de la habitación. La muchacha del hostal es bella e insoportable. Tengo más calle que ella, pero se cree fundadora de algún arrabal. No sé cómo no se ha dado cuenta todavía de que soy un ángel con zapatos machacados. Eso, ya lo dije, no es que se tenga que dar por sabido, pero sí se debe entender después de cuatro o cinco frases. Escribiré ya mañana en el avión, que quiero cumplir con este mi debido cuaderno, pero antes de dormir –aunque es de noche– algo como una canción, algo como una alegre alegría, algo como un espíritu que acoja el sentir que traigo después de cuatro amables días:

Oh viaje, tus pelusas
son más lentas que yo.
Gracias a tus letras
me persiguen animales.

Veinte monedas tengo
de aquí al aeropuerto,
pero he sabido desear
en la escondida plaza.

Luces de Cracovia, ladrillo
y cierto mármol, sigue,
estela, tu alegría,
ya que lo conoces todo.

Oh viaje, y hermano,
he querido y he tenido
como cuando nevaba
y eran más que dos mis ojos.

***

Ya para marchar: salas con sonido y maletas con tuercas. A puro café, no ha habido hostilidad, sabiendo sobrevivir al viaje. Temía mucho, pero a este paso seré profesor. Como una vida que, pensada, estuviera llena de matices, de Galicia a Polonia. Es fácil mantener la calma ante las pruebas: motivos hay para no naufragar. Pensemos, por un momento, en un susto aquí, en Cracovia, yo con colonia prestada de tiendita y síntesis de paso. Qué miedo, ¿no? He visto a los mendigos solapar sus gorros, jorobados, para asustar a los turistas: imposible sobrevivir así. La calle Sienna unía el parque con la avenida de los puentes. El barrio obrero era antracita, con ese museo nuevo de sillas blancas. La escritura es un fenómeno sobrenatural: ¿no me veis, acaso, allí, pensando que los trotamundos leen mis pensamientos? Pero la vida es la vida, y su peso se mide en hermosura. Nada triste, percibo el salto que me diferencia al distanciarme, y sólo hubiera deseado soñar entre la nieve un desacato mayor que mi actitud actual, centrada en no dañar ni a lo que es orgánico ni –mucho menos– a alguien que respire, coma, y suspire después. Desvanecimiento periódico satisfecho.

Estoy bien, y he viajado
a las almas de la historia.
Dudé, sinceramente,
sobre este trance mío,
pelo roto por el centro.

No es un truco difícil,
sino una calma sencilla
muy similar al saber.
¡Así cualquiera!, dirás.
(No te creas; es milagro.)

Sube entonces a ese avión,
donde espera una ventana.
Tremendo es conjugar,
con acierto, salmos salmos:
la confusión de tu camino.

Ya es hora de volver a casa.
El agua tendrá tu nombre.
El oráculo ha fallado.
Dueño del futuro eres
plena sencillez cantada, llave...


Cracovia, 20-24 de febrero de 2018



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