jueves, 29 de diciembre de 2016

ESCULPIR EL MISTERIO: EL NOMBRE EN "TRILCE", DE CÉSAR VALLEJO



            INTRODUCCIÓN

            Tomando como punto de partida la “Gramática española” de Alcina-Blecua (1988, p. 457 y ss.), el nombre es concebido como categoría gramatical en la Antigüedad, desde que Aristóteles lo opuso al verbo en cuanto éste significa con determinación de tiempo y el nombre no. Igualmente, las palabras incluidas en la clase “nombre” admiten categorizadores que se denominan género, número y artículo en su realización en el mensaje. Con todo, y pese a otro tipo de subcategorizaciones (nombres concretos, nombres abstractos, nombres adjetivos…) dentro de esta categoría, el presente trabajo tratará de subrayar la importancia del empleo del nombre en su conjunto (atendiendo también a sus variantes) a lo largo y ancho de una de las obras capitales de la poesía de vanguardia del siglo veinte: “Trilce”, libro publicado en 1922 y objeto de este estudio.
No es arbitrario, en cualquier caso, el hecho de que sea el nombre y no otra categoría gramatical, el eje alrededor del cual gire este ensayo. El propio César Vallejo, en una carta enviada al periodista y escritor español César González Ruano en el año 1931, decía, acerca de su estilo –en constante búsqueda desde “Los heraldos negros”, su primer trabajo– y el carácter formal de sus investigaciones poéticas: “La precisión me interesa hasta la obsesión. Si usted me preguntara cuál es mi mayor aspiración en estos momentos no podría decir más que esto: la eliminación de toda palabra accesoria. La expresión pura, que hoy mejor que nunca habría que buscarla con sustantivos y en los verbos, ¡ya que no se puede renunciar a las palabras!... Creo, honradamente, que el poeta tiene un sentido histórico del idioma, que a tientas busca con justeza su expresión”.
Por último, es menester hablar de misterio, ya que el uso del nombre en la obra es, en términos generales, de una audacia suma. Vemos, a lo largo del texto y en perfecta convivencia, jerga, neologismos y términos técnicos. Pese a que pueden ser más los factores que hacen de “Trilce” un enigma, tal vez sea el nombre –el Ser– su fundamento.


1.      EL NOMBRE PROPIO COMO PRINCIPIO DE REALIDAD

Los nombres propios son nombres con significación propia, nacidos por la necesidad de particularizar las diferentes versiones de una misma clase, especie o género de realidad. Esta descripción, fundamento de los estudiosos de la lengua, es también una noción que colinda con la filosofía, donde el nombre propio ha sido algo problemático. John R. Searle, profesor y filósofo del lenguaje, en su famoso artículo “Nombres propios y descripciones” (1967), tras repasar la teoría largamente sostenida de que los nombres propios representan objetos sin tener ningún otro sentido o significado que el de representar objetos, revisa históricamente (desde el “Teeteto” de Platón al “Tractatus Philosophicus” de Wittgenstein y el “Philosophy of Logical Atomism” de Rusell) esta concepción, dando como solución a la imprecisión ontológica de los nombres propios derivada de la Teoría del Sentido (describir = nombrar), el hecho esencial de que tenemos la institución de los nombres propios para realizar el acto de habla de la referencia. César Vallejo, en esta diatriba dialéctica, juega un papel fundamental con “Trilce”. El absurdo, junto al juego y la estética surrealista, es uno de los movimientos profundos que sustentan el libro. Este cansancio de significar, voluntad explícita del autor, hace insoslayable, en muchas ocasiones, la relación entre significante y significado. Así pues, el empleo del nombre propio a lo largo del texto sería algo así como la dosis de realidad más evidente en la que podemos sostenernos; algo que es tacto y no devenir fluctuante.
Desde un abordaje teórico-práctico, encontramos en “Trilce”, en primer lugar, nombres propios de personas allegadas al autor (Aguedita, Nativa, Miguel, Samain o el propio César Vallejo hablando de sí mismo y explicitando su nombre), y que en el libro juegan un papel simbólico, casi arquetípico y con tendencia parabólica. En un segundo orden, hallamos personificaciones de nombres abstractos (Crisol, Doce, Obra, Tiempo, Era, Mañana, Nombre…), algo que llama la atención poderosamente y que se explica a razón del nivel de torsión gramatical que supone “Trilce” en su conjunto como propuesta; y también como sinónimo del estado tormentoso en el que se encontraba el autor durante su escritura, incluyendo tres meses de prisión en una cárcel de Trujillo. También encontramos nombres concretos articulados a un nivel de referencia geográfico-cultural (Trujillo, Lima, Daudet, Hélpide, Luna, Venus de Milo…), funcionando como cimientos de conciencia o recursos de dotación histórica. Son claras, igualmente, las señas al ámbito de lo religioso (Obispo, Papa, Santo, Señor, Dios, Sombra, Muerte…), algo que entronca rigurosamente con el carácter epifánico del texto pese a lo jeroglífico del mismo.


2.      EL REFERENTE DISPERSO DEL NOMBRE COMO IMAGINACIÓN

El nombre puede representar algo inabarcable, parte de un continuum sin límites precisos. Como apunta el filósofo y médico inglés John Locke en su célebre “Ensayo sobre el entendimiento humano” (1690, libro III, cap. III): “Siendo particulares todas las cosas existentes, tal vez sea razonable el considerar que las palabras […] también lo sean. Sin embargo, vemos que es muy al contrario. La mayoría de las palabras que forman todos los lenguajes son términos generales; lo cual no ha sido efecto de la negligencia o la fortuna, sino de la razón y la necesidad”. Esta declaración podría ser, perfectamente, el sustento teórico de la ontología gramatical de “Trilce”, ya que es justamente el binomio razón-necesidad del que habla Locke, la herramienta –efectiva y al mismo tiempo paradójica– de la que se apropia Vallejo para, mediante el empleo de nombres de materia (harina, rodillas, pantalla), de color (blanca, azul, verde), de estados o fenómenos psíquicos y físicos (desolación, tempranía, sentimiento), de cualidad (soledad, felicidad, emoción) o de acción (sustento); crear un imaginario que, valga la redundancia, invita a imaginar. Este “imaginar” es, en nosotros, lectores, la sensación –efectiva y paradójica de nuevo– de que, al estar tan abierto el lenguaje, éste es particular y universal al mismo tiempo, hasta percibirlo como una maniobra de disloque. Un sentido de la deriva ejecutado con maestría por Vallejo y que avala que “Trilce” sea considerado por muchos como un libro-manifiesto; uno de esos escritos que reúnen, en su esencia, un universo.


3.      EL GRUPO NOMINAL COMO ACTO DE CREACIÓN

Tal y como lo expresa, con autoridad, la “Nueva Gramática de la Lengua Española” (2010, p. 221), los grupos nominales se construyen en torno a un nombre (“sustantivo” según su terminología, pero mantendremos el concepto de “nombre” por coherencia terminológica con lo expuesto). A su vez, éstos pueden ser muy simples, como los constituidos por un solo nombre, o mucho más complejos, debido en este último caso a los diversos elementos que pueden incidir sobre el nombre (artículos, determinantes, adjetivos, complementos preposicionales, oraciones de relativo…). Para nuestro estudio, que versa sobre una obra lírica, el acto de situar el foco en el grupo nominal está mediado, como es lógico, por los mecanismos que implica la lírica como aparato. En este sentido, aunque “Trilce” no es una obra de carácter tradicional (métrica y rima se ven golpeadas en el texto súbitamente), sí podemos atender a una pluralidad de recursos tal y a un espectro de perspectivas entremezcladas sobre lo lingüístico y lo lírico (la concepción sobre el verso o la propia narratología de los poemas dentro del libro), que hacen a este estudiante considerar la noción de grupo nominal dentro de “Trilce” como un acto de pura creación, siendo prácticamente sinónimo a lo que sería la intuición de cualquier poeta. Es el diseño del grupo nominal, por encima de otros muchos conceptos dentro del hacer poemático, lo que hace que ese autor sea ese autor y no otro: es su íntima definición.
Así, en “Trilce”, encontramos grupos nominales como “las nítidas rodillas / puras a fuerza de entregaros” o “Filosofía de alas negras que vibran / al medroso temblor de los hombros del día”. Esta complejidad, propia del flujo barroco, se hilvana con encabalgamientos poderosos y saltos de línea que confunden el sentido a cada paso. Vallejo, en todo momento, parece no olvidar que los componentes del grupo nominal inciden sobre el nombre que funciona como núcleo de forma escalonada o jerarquizada, es decir, subordinados unos a otros, como en los versos “al hombro / recodos, cedros, compases unípedos, / espatarrados en la sola recta inevitable”, donde partimos de un punto claro y la propia corriente verbal nos hace desembocar en otra geografía.
En cualquier caso, lo que es evidente es que la concepción de grupo nominal, desde su vertiente especificativa o explicativa según los modificadores que compongan el propio grupo nominal en su conjunto, es base del decir y origen de toda perceptibilidad.


4.      LOS MODIFICADORES NO ARGUMENTALES DEL NOMBRE: LOS ADJUNTOS COMO EXCESO, ORNAMENTO Y/O SUNTUOSIDAD

Los adjuntos son modificadores del sustantivo no pedidos por el significado de éste. Desde el punto de vista categorial, pueden ser adjetivos, grupos preposicionales, grupos nominales y oraciones de relativo. En un orden semántico, pueden pertenecer a diferentes grupos: lugar y tiempo, cantidad, de interpretación clasificativa…
Como ya hemos podido vislumbrar a lo largo de estas líneas, “Trilce” es un ejemplo literario contrario a la sobriedad; un discurso donde el exceso, el ornamento y/o la suntuosidad toman lugar con carácter reinante. En esa ecuación, los adjuntos funcionan dentro de “Trilce” como los detalles últimos de cada verso o piedra preciosa, muchas veces preguntándonos por qué César Vallejo dijo demasiado –o por qué dijo tanto, sería más acertado– en este lugar o en aquel. Junto con los demás caracteres que hemos explorado a lo largo de estas páginas, el adjunto es una de las piedras angulares por las que el nombre brilla como brilla. A cada página, en cada verso, tenemos la sensación de que todo está maravillosamente decorado, flotando en la cuna de la Poesía la palabra “Poesía” con total armonía, y que lo gramatical se dobla (en un movimiento positivo) y desdobla (en un movimiento negativo) a partes iguales, fundando belleza. La cuestión esencial para nosotros es que toda esta maquinaria no resulta accesoria. El adjunto, y pese a que su definición implique la arbitrariedad de la sustancia en lo relativo al nombre, es en “Trilce” obligatoria, en tanto que es más que un “exceso” del nombre: es parte.
 Basten algunos ejemplos para ilustrarnos: “Ahora que chirapa tan bonito”, “El traje que vestí mañana” o “Este cristal aguarda ser sorbido / en bruto por boca venidera”.


CONCLUSIÓN

Habiendo estudiado, en línea descendente y según un orden categorial, las dimensiones fundamentales del nombre y su vinculación con “Trilce”, la obra sujeta a estudio para este trabajo, podemos afirmar con rotundidad que, para César Vallejo, era el nombre y no otro aspecto gramatical el pilar fundamental de esta obra desmesurada. Su exagerado conocimiento de las reglas de la lengua, su dedicación al campo de la gramática (fue profesor de esta asignatura en Perú) y el carácter innovador de su poesía no podrían haber sido planteados con tanta ejemplaridad de no conocer desde dentro el alma de su idioma y, más concretamente, el lenguaje tanto propio del Perú como de la literatura clásica como aquel vocabulario propio de los campos que se encontraban en avance durante la época en que “Trilce” fue concebido. De igual manera, los gramáticos españoles que han servido de apoyo para elaborar el argumentario de estas páginas, han demostrado que, pese a que “Trilce” tienda a ser un libro con altas cotas de agramaticalidad, su ideario es, pese a su desgarradora rareza, gramaticalmente coherente.


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Vallejo, César: “Poesías completas”, Visor Editorial, 7ª ed., 2011.
Heraldo de Madrid: Entrevista de César González Ruano a César Vallejo, 1931.
Bosque, Ignacio (ed.): “Nueva gramática de la lengua española”, Espasa Libros, 2010.
Searle, John R.: “Nombres propios y descripciones”, 1967.
Locke, John: “Ensayo sobre el entendimiento humano”, libro III (“De las palabras”), cap. I, 1690.
Alcina-Blecua: “Gramática española”, Editorial Ariel, 6ª ed., 1988.

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