lunes, 1 de abril de 2013

SIEMPRE ES TARDE PARA MORIR


Siempre es tarde para morir.

Lo saben los ásperos cerebros de astronauta,
el musgo de los pozos de agua dulce,
la ciencia tratando de despertar a un loco,
el roce geométrico de las columnatas
que arroja imaginarias cuerdas en la ciudad.

Van tarde y van para morir.

Son los espejos del alba trastocados
por las conversaciones inútiles
y el pan tirado a las aves con ceguera.
Sólo un rincón de mar y violeta
alumbraría la verde ilusión del árbol.

Siempre es tarde para morir.

Lo saben los dirigentes de idiotas corazones,
la lluvia de lava sobre los parabrisas,
los regimientos que deambulan en el extranjero
entre balas de diamante y turbulencias,
las cucharas donde se recoge la sopa fría, fría.

Van tarde y van para morir.

Y no son pocos. Son ciertas pieles viejas
donde se esconden las fotografías
en puñados de a ciento, lodo y extrañeza.
Son las tristezas del redondo carrusel
donde una vez jugó a ser diosa la alegría.

Siempre es tarde para morir.

La furia daña con su sed los nuevos encuentros
y viaja entonces gris la infancia blanca,
el sabor de las montañas en un letargo de sol,
los recuerdos donde una madre cantaba
a sus hijos hasta entrado el ocho de la noche.

Van tarde y van para morir.

Muy pronto serán imposibles el viaje y la idea,
los estudiantes con puntiagudo bolígrafo
y ganas de chocar mente a mente y sonriendo
gracias a palabras por el sexo iluminadas,
antes de correr a casa para soñar eternamente.

Siempre es tarde para morir.

Valga la intuición de la fiebre y los nervios,
la catarata de hormigas crujientes
y el cielo de almíbar chorreando alféizares.
La huida terrenal de los misterios
y los capitanes alucinando entre cigarrillos.

Van tarde y van para morir.

Es la estela donde se cobija la verdad del aire,
la huella innata de frente incolora
que hace resonar los ríos con neón de poniente
y claro gesto, para todavía alumbrar
sin caer en la candente perspectiva del ahora.

Siempre es tarde para morir.

1 comentario:

  1. Me maravilla con qué precisión hablas desde lo más hondo del TIEMPO. Felicidades, Álvaro.

    Un fuerte abrazo.

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